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miércoles, 10 de octubre de 2012

♥TakaDai♥


 Holaa tanto tiempo nee, gomen!
es que estoy en un estado en el que no puedo escribir nada de lemon! >_____<
por eso no puedo escribir los fics que tengo pendientes TT^TT
pero este oneshot que escrbí por el cumple de Vicky no tiene así que pude terminarlo rápido
espero que les guste y se entreregan un poco >///<
Besos!




Nuevamente lo tenía esperando, en la puerta de su edificio, decidido como siempre. Como detestaba su testarudez, ¿no podía simplemente dejarlo en paz al igual que lo hicieron los anteriores? ¿Por qué tenía que ser tan endemoniadamente persistente?
Justo cuando creía que sus constantes humillaciones y desplantes eran suficientes para ahuyentarlo, el mayor lo sorprendía de nueva cuenta con sus infaltables flores y bombones y por supuesto, el infaltable:
<<una cita es todo lo que te pido, te prometo que no te arrepentirás>>
Era tan pesado, no entendía como no se había cansado de todo aquello que le hacía, lo había insultado, le había golpeado e incluso lo hizo arrestar, pero cuando la policía se dio cuenta que era completamente inofensivo y solo atravesaba por un profundo enamoramiento hacia su persona, lo dejaron ir, y hasta le dijeron que si se esforzaba de seguro que conseguiría que lo aceptara. ¡¿Cómo podían alentarlo de esa manera?! ¿Es que no pensaron para nada en su seguridad? ¿No se les cruzó por la cabeza que podía desquitarse después de todo le que le había hecho? ¿No pensaron para nada en eso?, obviamente no lo hicieron, quedaron encantados con la “maravilla” de persona que era Takaki Yuya, absolutamente todos eran así, quedaban impresionados con su buena apariencia y buen vestir, con su galantería de antaño y su cortesía incomparable. Todos, amigos, compañeros, familiares, todos menos él. Ya había tenido suficiente de galanes de telenovela que aparentan ser sacados de tus más preciosos sueños cuando la realidad era muy distinta a esa. Cuando sólo eran patanes que quería aprovecharse de él y por muy indefenso y delicado que se viera, no toleraría bajo ningún punto de vista que ninguno de aquellos imbéciles hicieran lo que sea que se les antojara con él, no podía soportar la impotencia y el dolor de tener que pasar por aquello de nuevo, no estaba dispuesto a dejarse engatusar por un tonto con aires de príncipe como lo era Takaki Yuya. De ninguna manera lo permitiría. Pero ese tonto no podía simplemente dejarlo en paz y olvidarse de él, tenía que estar en la puerta de su edificio todos los días a las 4 pm como desde hacía ya tres meses, importándole un rábano si llovía o la temperatura estuviese muy baja, por todo ese lapso de tiempo había llegado puntualmente a su destino, impecable como siempre y hasta haciéndose amigo de sus vecinos de calle y edificio, que incluso abogaban más de una vez a favor del joven de cabello castaño; se los había ganado a todos ellos, menos a él, claro. Y es que, Daiki no creía ser tan fácilmente engatusable, ya no.
Vio la hora, 5:30 pm. Aún faltaba mucho para que se fuera, solía quedarse hasta las 8 de la noche siempre, y hasta podía ver como la gente de la zona, que ya lo conocía, le llevaba refrigerios para hacerle menos pesada la espera. “¿Cómo puede una persona caerle bien a tantas otras? ¿Tan irresistible era? ¿Tan grande era su carisma?” se preguntaba una y otra vez ante el innegable hechizo que aquel castaño había proyectado en los demás. Desistió de seguirlo viendo por su balcón y entró a su departamento, debía despejar un poco su mente y tratar de no hacerse tanta mala sangre con el tipo ese, lo ignoraría y haría oídos sordos al timbre que sonaba en el interior de lugar cada determinado tiempo, como si la persona que lo llamaba tratara de no molestarlo demasiado, pero aquella persona no entendía que con el simple hecho de volver ahí todos los malditos días de la semana, lo ponía frenético y muy molesto, hasta el punto de no querer salir a ningún sitio mientras lo estuviese esperando. Lo estaba limitando y detestaba eso, pero no deseaba encontrárselo y tener que escuchar sus falsas, asi como dulces, muy dulces palabras de amor. Lo estaba llevando a la locura del enclaustramiento y aunque estuviese exagerando con su actitud, lo asustaba, pero siempre trataba de convencerse de que era lo mejor para ambos, aunque ahora ya no parecía en nada un buen plan, pues se le vino abajo al ser testigo de la implacable persistencia de Takaki. Una persona como él no podía existir en el mundo, pero sin embargo lo hacía, y tenía que ser precisamente su persona quien lidiara con su perseverancia, su maldita e inagotable perseverancia.
Se apartó de la ventana, necesitaba despejar su mente con cualquier cosa, tal vez limpiaría su piso de arriba abajo y luego haría la cena, el lugar estaba muy descuidado y pensó que ya le hacía falta una buena limpieza.
Se puso manos a la obra.

No creía la mugre que encontró, más que haberla descuidado parecía que no limpiaba desde hacía años, el polvo de la sala, la grasa de la cocina, el sarro de las paredes de su baño, ¡aquello era un chiquero! Estaba muy enfadado consigo mismo al haber vivido en tales condiciones y ni siquiera haberse percatado de ello, pero lo estaba más aún con la persona que se encontraba abajo por ser el causante de tan bárbaro descuido. Volvió a pensar en él y miró el reloj en la pared de su cocina, ya eran pasadas las 9:30 pm, tardó demasiado en acabar con toda la suciedad, y recién se daba cuenta de la tormenta que se avecinaba fuera, las gotas de lluvia empezaban a caer con lentitud golpeando su ventanal. Lo más probable era que el tipo aquel ya se hubiera ido, no podía estar ahí, habían pronosticado tormenta durante la madrugada pero por lo visto se había adelantado, Takaki ni siquiera tenía un paraguas, al menos no lo vió llegar con ninguno entre las manos. Desganado fue hasta su balcón, la lluvia caía más intensamente y lo vió, aún permanecía ahí, parado a un costado, completamente empapado y hasta parecía que temblaba pues la temperatura había bajado gradualmente. No entendía su terquedad, esa no sería una lluvia cualquiera, ¿acaso estaba dispuesto a poner en riesgo su salud? ¿tan idiota podía ser?
De repente empezaron los relámpagos, Takaki se asustó y dió un brinco, al parecer les tenía miedo puesto que ahora Daiki podía notar más los temblores que producía su cuerpo. Sintió mucha pena de verlo así, en parte era por él y lo hacía sentirse mal, pero un poco solamente ya que consideraba que el idiota era el mayor por llegar a esos extremos. Dió un muy largo suspiro y se acercó más al barandal.

- hey! ¿es que no piensas irte?- dijo, y vió como el mayor agachaba la cabeza y miraba para otro lado, era obvio que significaba no. Con todo el pesar que su comportamiento producía en su persona le gritó- ¡sube!-
A Takaki se le paralizó el corazón al escucharlo, parecía inverosímil que el amor de su vida le estuviese invitando a su casa, asintió enérgico y fue hasta la puerta. El menor no podía creer que después de tanto y de haberse repetido miles de veces que lo ignoraría le hubiese dicho aquello. Le aviso al de seguridad que dejara pasar al otro y que lo acompañara hasta su departamento de ser posible. Espero unos minutos y escuchó el timbre, se acercó a la puerta y la abrió. Los colores se le subieron a la cara al ver la inminente sonrisa de Takaki y la mueca de complicidad del guardia.

- en hora buena Takaki-san, que tengan muy buenas noches- dijo el hombre sonriente y se despidió de ambos con una reverencia.

-no te quedes ahí, pasa- le dijo muy fríamente al mayor.

- ah! hai!-

-sígueme- le dijo y lo llevó hasta el cuarto de la lavadora. -sácate eso y ponlo a lavar, ahora te traigo algo para que te cambies y no te resfríes- estaba a punto de salir cuando Takaki le tomó de la mano.

-gracias- dijo.

-lo hago solo porque me diste pena, no te hagas ideas equivocadas en la cabeza- se soltó de su agarre y salió de ahí, por más que odiase admitirlo, su corazón le latía con mucha rapidez, ese contacto le había despertado algo dentro suyo. Pero no debía ser así, tenía que apartarse esa ideas tontas de la cabeza o terminaría como antes, no podía darse el lujo de caer nuevamente.

Busco en su armario algo que le quedara al mayor pero no encontraba nada, se cansó y simplemente agarró una remera que le iba un poco grande y un pantalón igual.
Fue hasta donde se encontraba y se ruborizó al verlo de espaldas y sólo en boxers, con las mejillas muy coloradas le dejó la ropa encima de la lavadora y se fue casi corriendo de allí. Su corazón latía desenfrenado, sentía que en cualquier momento le daría un paro cardíaco. Fue a la cocina y se echó algo de agua en la cara para refrescarse, de pronto se sentía muy acalorado.

Luego de unos minutos...

-emm disculpa, creo que me queda muy pequeña tu ropa- dijo el mayor algo apenado, Daiki al verlo no puedo evitar soltar unas escandalosas carcajadas.

-hahahahaha! hahahaha!- seguía burlándose del mayor, la remera le quedaba demasiado entallada y no le cubría ni el ombligo, el pantalón le parecía pescador ya que no le llegaba a los tobillos, se lo veía muy ridículo en verdad.

-basta-dijo con un puchero-no es gracioso-

- hahaha-seguía riendo Daiki- sí lo es, y por lo que veo, no te ejercitas tanto como parece- lo decía por los rollitos que se le escapaban de la prenda al mayor, y este al notarlo se cubrió con los brazos el estómago y se puso colorado.-ve al comedor, ahora llevo la cena- Takaki asintió y salió de la cocina.
Arioka pudo notar muy claramente los grandes glúteos del mayor al caminar, que esos kilitos de más tuvieron como efecto y de nuevo su corazón empezó a palpitar como loco. *¿qué demonios pasa conmigo? ¡ni que me gustara!* se reprochaba mentalmente.
Sirvió la cena para ambos y se sentó frente suyo sin decir ni una palabra.

Comieron en completo silencio, Daiki no quería decir absolutamente nada, estaba molesto y trataba de no pensar demasiado en las extrañas emociones que le provocaba la persona delante suyo. Por otro lado, Yuya estaba que se moría de la alegría, no sólo el menor había aceptado su compañía sino que además podía disfrutar de una deliciosa comida preparada por el amor de su vida, su sonrisa se ensanchaba más con cada bocado. Eso al menor le fastidió, ¿por qué sonreía de esa manera? Le sacó de sus casillas y comenzó a decir cosas que no debía.

-¡basta! ¡¿de qué tanto te alegras?! ¿por qué tienes que ser tan molesto? ¿Es que simplemente no me puedes dejar en paz? ¡Eres un enfermo!

Takaki abrió desmesurado los ojos y contuvo unas terribles ganas de llorar, esas palabras tan duras de Daiki le hirieron profundamente y sintiéndose el ser más odiado en la tierra dijo:

-discúlpeme Arioka-san ya no volveré a molestarlo, prometo que no me apareceré frente a usted nunca más- finalizó y se levantó apresurado para salir de ahí lo antes posible.

Daiki se sintió muy mal al ver sus ojos llorosos, y su semblante afligido, le había hecho mucho daño, en realidad no tenía por qué haber dicho tales cosas, sólo se enojo con el mayor porque se lo veía demasiado feliz, ¿eso era un crimen? Claro que no, había exagerado y lo había lastimado, lo hizo solamente porque… ¿por qué? Dijo lo que dijo y ya, lo lastimó por idiota, a aquella persona que siempre le llevaba regalos, aquel que siempre se quedaba esperándolo por horas, soportando frío, calor, todo, y lo hacía con el único propósito de que le diera una oportunidad, una mísera chance de salir a pasear, ¿qué tanto le costaba?.
Al darse cuenta de lo idiota que había sido, salió corriendo detrás del mayor y tratar de darle alcance. Llegó hasta la entrada de su edificio y le preguntó al portero si sabía por dónde se fue Takaki, este lo miró con muy mala cara; de seguro por creer que era él el causante del muy probable mal estado del castaño; y reticente le indicó el camino, incluso le alcanzó un paraguas ya que el clima afuera iba de mal en peor.
Arioka corrió en aquella dirección y pudo percibir, después de unas cuantas cuadras, la silueta de alguien que parecía ser Takaki, lo reconocía porque era la única persona que no estaba por ahí además de él y porque identificó su ropa, se apresuró más a darle alcance pero aquella persona parecía caminar cada vez más rápido, trató llamándole por el nombre y nada, tal vez por el fuerte sonido de la lluvia.
Aquella persona dobló en una esquina. Al llegar no pudo ver a nadie más en la calle, todas las casas parecían estar a oscuras, de seguro Yuya vivía en alguna pero ¿en cuál?
De pronto vio como una luz se encendía unas casas más adelante y tuvo la sensación de que podía ser la del mayor.
Era una casa normal, muy tradicional de hecho, tocó fuertemente la puerta por si no lo oía y espero unos cuantos minutos, estaba a punto de marcharse cuando le abrieron y pudo ver a un Takaki con el cabello muy mojado y alborotado vistiendo una bata de baño.
Por unos momentos no supo qué decir, ya había llegado hasta ahí y suponía que debía disculparse apropiadamente por su tonto comportamiento pero, las palabras simplemente no salían. El más alto mantenía la mirada baja sin saber qué hacer ¿por qué Arioka estaba ahí después de lo que le dijo?

- yo sólo venía a disculparme contigo, no debí decir cosas como esas-

- no Arioka-san, fue mi culpa por hostigarlo tanto como lo hice, usted tenía todo el derecho de decir lo que dijo-soltó muy evidentemente dolido.

- no, claro que no, te- un fuerte estornudo por parte del más grande lo interrumpió.

-disculpe yo ashu! ashu!-volvió a estornudar.

-¿estás bien?-

-sí, sí, lo que pasa es que estuve mucho tiempo bajo la lluvia jeje- Daiki se sintió culpable, fue por su causa que eso pasó.

-lo lamento- dijo cabizbajo.

- no se haga problema, de seguro con un baño y algo de té caliente se me pasa-trataba de sonar calmado.

-entonces déjame que yo prepare el té, sería una manera de compensarte-

-pero no hace falta, no tiene que hacerlo-

- por favor Takaki-kun- dijo suplicante.

- emm bueno si asi lo desea… pase por favor-

No podía creer lo que sucedía, su adorado Daiki estaba en su casa, minutos antes, después de aquella “destructiva” charla pensó que no lo volvería a ver nunca más, estaba dispuesto a desaparecer de su vida, pero ahora todo se había dado vuelta y no podía sino sentirse inmensamente feliz y agradecido por ello. Al salir del baño vio al mayor con dos tazas de té en la sala. Se sentó a su lado en el sofá, le dio las gracias por las molestias y procedió a beber el líquido.
Bebieron tranquilamente en silencio, algo que sorprendentemente no se sentía incómodo de ninguna manera, estaban perfectamente bien disfrutando la mera compañía del otro.
Aún cuando estaba bien con ese ambiente tan tranquilo, había algo que inquietaba a Daiki de sobremanera, necesitaba una respuesta. Y sin más decidió preguntarle al mayor.

- Takaki-kun, ¿podrías decirme qué es lo que te gusta de mí?-

- ahh emm bueno-eso lo tomó por sorpresa- en verdad no me gusta nada de usted Arioka-san-

- o___o ¿no te gusta nada de mí?-

- no, porque yo amo todo de usted-dijo con las mejillas muy pero muy coloradas.

Eso lo consideró tan tierno, esa persona en verdad no era en nada lo que parecía, como nunca se había tomado la molestia de tratar siquiera con él, se había hecho ideas erróneas en cuanto a su persona. Takaki no era aquel individuo supuestamente perfecto que creía, no era tan confiado ni tan encantador. Era una persona muy dulce, sí , pero el motivo por el cuál las personas parecían apreciarlo desde un primer momento, era por su transparencia. Sus movimientos podían ser algo torpes, y no era muy elocuente que digamos tampoco, pero era alguien que escondía absolutamente nada de sí mismo, se mostraba tal cual era, los demás podían ver claramente sus defectos y aceptaban gustosos tenerlo cerca por considerarlo demasiado sincero. Su honestidad era lo que hacía que todo el mundo a su alrededor estuviese encantado con él, y ahora Daiki también parecía haber caído en ello.
Al comprender mejor al hombre que tenía a su costado tuvo la necesidad de hacer algo loco.
Fue acercando su rostro al del mayor, pudo notar la sorpresa en sus facciones pero no le importó, siguió y siguió hasta llegar a esos hermosos y perfectos labios de Takaki, y los rozó con los propios. El más alto emitió un jadeo que hizo la necesidad de Arioka aún más grande y provocó que tomara sus labios por completo. Podía sentir el dulce aroma que desprendía su cuerpo y la suavidad de aquéllos carnosos manjares, se separó por unos segundos, lo miró a los ojos, y volvió a adueñarse de ellos pero con más intensidad. Se sentían tan exquisitamente bien, que inclusive abrieron sus bocas y dejaron a sus lenguas jugar la una con la otra, sintieron la humedad de las mismas, fusionándose con cada roce, la calidez invadirlos poco a poco. Era algo tan placentero que no pudieron evitar emitir suspiro tras suspiro ante aquel delicioso contacto. Takaki tomó el rostro de Daiki entre sus manos, acercándolo más de ser posible, mientras que el menor colocó sus brazos alrededor del cuello del alto. Y así permanecieron un buen tiempo. Se besaban en una perfecta sincronía que les causaba vibraciones recorrerles los cuerpos. Algo tan especial que se había dado de la manera más extraña, un corazón que evitaba fervientemente volver a caer en lo que consideraba, las terribles redes del amor, y otro que luchaba incansablemente por demostrar el suyo a una persona que se resistía a dejarse enamorar. Al final de todo Takaki había logrado alcanzar a aquella persona que tanto se oponía a sus demostraciones de afecto, al final, puedo hacerle ver que su amor si era sincero, todos lo sabían, y ahora el mismo Arioka parecía dar fe de ello.




 

martes, 18 de septiembre de 2012

Mabe




Hoooola~ de nuevo por aquí con un oneshot dedicadísmo a mi hermosa Mabe del alma ( por ello el título)
sé que te dije que lo iba hacer hard lemon pero... se me dió por esto . __________ .
de todas formas espero que lo disfrutes :D
y las personas  que me leen también  n_n
pd: (Mabe) gomen por la tardanza pero esperaba publicar más de una  cosa,  aunque ya ves,  no pude terminar a tiempo  los escritos que tengo T^T






Nuevamente lo veía ahí, sentado bajo ese árbol, cuando no leyendo una de esas historias de terror que tanto le gustaban, era un chico tan reservado, siempre teniendo las narices en libros y no hablando con nadie más que una persona, la burla del salón, el blanco de todos los abusivos; es que no conforme con ser un nerd, tenía unas gafas exageradamente grandes para su rostro y su  estatura no ayudaba en nada, lo veía y se preguntaba cómo una persona así podía tener de novia  a la chica más linda de toda la escuela, ¿qué le vió?
Una chica tan hermosa como ella, ¿teniendo de novio al esperpento ese? le parecía ridículo, cada que los veía juntos se moría de los celos, esa niña le había flechado desde el primer momento que la vio, y cuando quiso acercarse a ella, esta estaba demasiado cariñosa con el nerd ese, siempre riendo, jugando y almorzando juntos, no aguantaba más, lo único que deseaba era romperle la cara al idiota  por haberle robado a su chica soñada.

Se encontraba completamente distraído, ya iban por la mitad de la clase y no había prestado la mas mínima atención, toda se encontraba enfocada en molestarlo. Sí, para colmo de males para el mayor, Arioka era compañero suyo, tenía que soportar que cierta persona lo viniera a buscar todos los días en los recreos, el almuerzo, a la hora de la salida, maldecía al derecho y al revés al chico, lo odiaba como a nada.
Se preguntaba una y mil veces como era posible que alguien cómo el le pudiese haber ganado, porque, en un principio pensó que solo eran amigos, pero cuando se le fue a declarar a Saya, así se llamaba, lo rechazó diciendo que ya tenía a alguien más en su corazón, y al preguntarle si esa persona era Daiki no le contestó y solo se fue dejándolo con la duda, aunque  claro, casi siempre estaban  juntos era normal suponer que era él ¿cierto? ese maldito idiota nerd antisocial y tarado tenía por novia a la mas hermosa chica de todo el colegio pese a su aspecto, lo odiaba; y asi cómo él lo hacía, la mayoría de los chicos en la escuela también y por ello el menor era víctima de constantes abusos y maltratos de todo tipo, maltratos que entretenían en demasía  a Kei.
Se dirigía a su casa después de las aburridas clases, tuvo que hasta tarde limpiando el salón solo, su compañero se había dado a la fuga. Se iba maldiciendo de todo y a todos, detestaba aquello. Estaba a punto de salir de la escuela cuando escuchó unos ruidos extraños, parecían venir del patio trasero, curioso se dirigió al lugar, pudo ver muchos chicos que parecían rodear algo, o mejor dicho a alguien, lo insultaban y pateaban, estaba a punto de socorrer al pobre cuando vio quien era, Arioka, ese estúpido nerd estaba siendo brutalmente golpeado por los alumnos mayores, la razón, era obvia. Al darse cuenta de que era justamente él a quien golpeaban todo ánimo de ayudarlo se le esfumó, no tenía razón para hacerlo, al menos ninguna que considerara válida, porque a su parecer, el que le haya “quitado” al amor de su vida era algo imperdonable, y poco le importaba lo que le pasara.
Cuando llegó a su casa simplemente se fue a  dormir, había sido un muy pesado día, y aunque quisiera no podía  evitar pensar en lo que le habría ocurrido  a Daiki, por lo poco que vió lo estaban golpeando salvajemente, de seguro y no asistiría a clases por unas cuantas semanas, eso le hizo sonreír, su odio por el menor empañaba su benevolencia.


A pesar de haberse acostado tan temprano despertó muy tarde, definitivamente no llegaba a tiempo para el primer módulo y no lo dejarían entrar al aula así que esperaría por el cambio de profesores, por ello decidió tomar el camino largo, total, no tenía prisa. Pasaba por el gran  parque, lleno de árboles y muy extenso, más parecía un bosque;  entonces  decidió entretenerse un rato y... hacer un poco de ejercicio mañanero tal vez?
Se sentó en una de las bancas  que se encontraban rodeando todo el lugar estirando las piernas, luego se recostó sobre esta, dejó la mochila a un lado y fijó su vista en el cielo. La mañana estaba preciosa, temperatura cálida, viento fresco, se preguntó si debería aprovecharla de otra forma más productiva, de pronto escuchó sollozos cerca suyo, se levantó rápidamente y fue en busca de aquella persona, en el fondo era una persona muy noble, pero por su tonta ilusión de enamoramiento había echo cosas que jamás pensó, tal como abandonar al menor el día anterior sin brindarle la más mínima ayuda posible. Nuevamente se colaba en sus pensamientos, era inevitable, por más odio que le tuviese no dejaba de reprocharse mentalmente por haber obrado mal, ese no era él, no se reconocía, pero todo lo malo que ahora albergaba se lo atribuía al menor. Prefería eso para no admitir que se estaba volviendo mala persona.
Se fue adentrando más y más cuando vio a alguien al pie de un gran árbol, abrazando sus rodillas y llorando ahora de manera descontrolada, esa escena le partió el alma. Se acercó lentamente y con suavidad tocó su hombro. Aquel chico al sentir el contacto levantó asustado el rostro.
No podía ser, tenía que ser él?  Se fastidio consigo mismo por haberle tenido pena pero, al ver mejor la expresión del castaño no  pudo sentir sino ternura, una ternura infinita apoderándose de él, tenía el rostro muy maltratado, su pómulo izquierdo estaba morado y su labio partido  bajó un segundo la mirada y vio como sus brazos también estaban cubiertos por hematomas, y sus manos apretando fuertemente sus anteojos, no quería ni imaginar como estaría el resto de su cuerpo, pero lo que más le llamó la atención fueron… sus ojos.
Unos orbes hermosos siempre ocultos bajo ese par de lentes horribles y exageradamente grandes. Pero ahora que podía apreciarlos de esa manera podía jurar que tenía los ojos más bellos que había visto en toda su vida, y al estar acuosos por el llanto lo hacían verse muy indefenso, tanto, que Inoo no pudo contenerse de abrazarlo. El menor al sentir su calidez lo abrazó de vuelta y permanecieron así unos cuantos minutos más. Cuando  Arioka dejó de llorar el mayor se separó lentamente y lo ayudó a reincorporarse, lo tomó de la mano y no dijeron ni una palabra hasta que salieron del parque.

- ¿por dónde está tu casa?- preguntó Kei.

- unas cinco calles más abajo en esta misma avenida- le contestó.

- esta bien, te dejaré con tus padres, se sorprenderán por verte así, si es que no lo hicieron ya-

- vivo con mi tía  y  mi prima, pero ellas salieron de viaje-

- entonces ¿estarás solo? ¿en tu estado? Y además ¿qué estabas pensando en ir así a la escuela? ¿eres tonto?-

- esta bien, podré cuidarme solo y no quería quedarme sin hacer nada- el mayor ya no dijo nada, aparentemente Daiki era alguien testarudo, mira que salir de casa en semejante estado, eso era demasiado.



Kei agradeció que estuvieran cerca, el más bajito apenas si podía caminar y al parecer esto le era muy doloroso. Al ver el gran esfuerzo que hacía por avanzar  se maldijo todo  lo que pudo y más, cómo fue capaz de dejar que lo lastimaran tan gravemente?, su estúpida actitud infantil había provocado que sufriera, se sentía como el peor de los miserables por ello.
Al llegar al edificio del menor tuvo que sujetarlo de la cintura y hacer que se apoyara en su cuerpo para poder subir las escaleras al tercer piso, ya que el ascensor estaba fuera de funcionamiento, tanta mala suerte podía tener Daiki?!
Al entrar a su casa lo primero que hizo fue recostarlo en el sofá con mucho cuidado, se sentó  a su lado y mantuvo el silencio. Estaba algo nervioso, que debería hacer a continuación, podría dejarlo asi como estaba? realmente podría hacerlo? No se sentía bien ni siquiera  el pensarlo, no se creía capaz de hacerlo, le haría compañía entonces?

-gracias- eso lo sacó  de sus meditaciones.

-umh?-
- por haberme  ayudado, gracias-

Y  no pudo sino sentirse como basura, si lo hubiese “ayudado” no se encontraría en aquel estado.

- no digas eso, por favor no lo digas- dijo con arrepentimiento.

- pero es la verdad Inoo-san usted me a-

- no lo hice! Si te hubiese ayudado en verdad no estaría tan golpeado…- dijo muy dolido- ayer… ayer yo vi cómo esos chicos te acorralaban y empezaban a golpearte, lo vi, LOVI! Y NO HICE NADA!- gritó desesperado por la culpa- si tan solo no te hubiese tenido celos nada de esto habría pasado- le dijo lentamente, mirándole a la cara por primera vez.

- usted tenía celos de mí?- preguntó incrédulo ante tal confesión- por que?-

- es que… - desvió la mirada- a mi… a mi  me gusta Saya-chan- le dijo con culpa.

- …. Y?- el menor no entendía a dónde quería llegar con eso.

- que... bueno, como--como es tu novia, me sentía muy celoso de ti como todos los demás- confesó.

- eh? era por eso? Yo pensé que me odiaban por ser un nerd- dijo con adorable confusión que hizo sonreír al mayor, y al verlo así le devolvió la sonrisa; Kei por otro lado dejó de hacerlo, cómo una persona podía llegar a ser tan bella? la sonrisa de Daiki era digna de admiración, incluso con  aquellas marcas ensombreciéndole un poco el rostro, aún así su sonrisa no dejaba de ser hermosa ante sus ojos.

- lamento haberme dejado llevar por los celos- dijo Kei.

- esta bien, al menos me estas ayudando ahora y eso cuenta, aunque tengo que decirle algo Inoo-san,  Saya no es mi novia, es mi prima- eso lo dejó pasmado, su prima? SU PRIMA?!
Y ahora si que se sintió como el mas grande de los idiotas. Había sentido unos celos estúpidos y  había dejado sufrir al menor unos ataques horribles por una tonta confusión.
Ya ni siquiera podía mirarle a la cara.

- qué pasa Inoo-san?-

-  es que… no puedo creer que sintiera celos de ustedes dos juntos cuando son primos! Soy un imbécil-

- no diga eso Inoo-san, además creo que nunca hemos dicho que estamos emparentados, por eso se creó tanta confusión, no se eche la culpa si?- le dijo con una tierna sonrisa que dejó embobado al mayor. Ese rostro angelical lo hechizó, más aún su alma tan pura, se preguntaba como nunca antes se atrevió a hablarle? Segundos, sólo esos bastaban  para darse cuenta de que tipo de persona era en realidad Arioka Daiki.
Se perdió unos momentos más en su sonrisa, embelesado por la misma. Salió de su trance cuando vio que el menor hacía el intento de pararse, sus piernas flaquearon y casi se estampa de cara contra el suelo; pero al percibir el peligro, lo tomó de la cintura y lo apegó a su cuerpo, dejándolo encima suyo y a si mismo recostado en el sofá. El menor estaba muy sorprendido, se había llevado un buen susto, gracias al mayor no se había echo más daño, levantó su rostro y le dedicó una sonrisa.

-gracias In- no pudo decir más, Kei lo había besado.

No pudo contenerse, el descubrir  lo tierno que era, ver esa sonrisa encantadora  tan de cerca, lo llevaron a besarlo impulsivamente, y aunque temió por unos instantes la reacción del menor, no se arrepentía, sus labios eran suaves, perfectos, tanto que tuvo la necesidad de mover los suyos para apreciarlos mejor.
Al sentir tal acción por parte de Kei, intentó corresponderle, aunque no era nada diestro en estos temas, la dulzura con la que lo estaba besando lo empujaba  a ello, le gustaba, le gustaba mucho sentirlo así.
Era una escena perfecta, el ritmo acompasado de los besos, sus lenguas inquietas que no pudieron evitar saborearse mutuamente, sus tiernas caricias por encima de la ropa, era… mágico, asi lo sentían.
Kei se estaba dejando llevar como nunca, ni siquiera se le cruzaba por la cabeza que era un chico, le gustaba, esa persona le gustaba mucho y esa manera tan exquisita de corresponderle, lo envolvió rápidamente. Fue el mayor quien dió el siguiente paso e introdujo su mano debajo de la camisa del otro, su piel era tan suave, se sentía demasiado bien tocarlo y al parecer le gustaba que lo hiciera, pues emitió un leve jadeo al sentir el contacto de su mano recorrerle el pecho.


Encantado con ese celestial sonido siguió  con sus impulsos y dejó  sus labios para saborear su cuello, pero no se detuvo ahí, le abrió la camisa y se posicionó mejor para que su rostro quede a  la altura de sus pezones, cuando lo consiguió no reparó en   delinearlos con su lengua, provocando más jadeos por parte del menor.
 El castaño estaba en las nubes, primero los deliciosos besos, luego las suaves caricias y ahora las expertas succiones a esa área tan sensitiva... se retorcía de tanto placer.

- ahh Inno-san - el  escucharse a si mismo le sorprendió, qué estaba haciendo exactamente? se separó rápido del mayor  y terminó en el suelo por el brusco movimiento. Kei por su parte se encontraba confundido, se lo estaban pasando muy bien, eso era más que claro, no debió haberse separado así. Se reincorporó un poco para ver al menor sentado en el suelo con la cabeza gacha.

-Arioka- lo llamó. El castaño levantó la vista y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no saltarle encima, se veía tan adorable con las mejillas coloradas, la respiración agitada y sus ojitos que reflejaban angustia, era todo ternura.

- no pongas esa cara, no estábamos haciendo nada malo-

-pero... a usted le gusta mi prima-

-corrección,  me gustaba, pero ya no, ahora me vuelve loco alguien más- le dedicó una sonrisa que le hizo bajar la mirada apenado.

- pero usted no me conoce, yo no-

-shhh- se arrodilló frente a él- eres demasiado transparente... Daiki-

Al menor le brillaron los ojos al escucharlo llamarle por el nombre, Kei lo tomó de la barbilla y volvió a darle un tierno pero corto beso.


-no tengas miedo, tú confía en mi si? Me remediré por todo lo malo que te he hecho - le dijo cariñosamente.

- está bien Inoo-san, ya lo hizo-  dijo sonrojado.


Durante las dos semanas siguientes Kei se la pasaba  en casa de Daiki,  no quería dejarlo solo por ningún motivo, y a pesar de que su tía y prima volvieron después de unos 4 días y se sorprendieron muchísimo de verlo en tal estado, tanto, que hasta insistieron en llevarlo al hospital para asegurarse de que no tuviese nada grave; quiso seguir visitándolo, no sólo  para hacerle compañía, sino también  para cuidar del menor él mismo, sentía que cada minuto que pasaba a su lado era lo mejor que le pudiese haber acontecido en su vida, se sentía tan pleno junto a él, pasándole las tareas, jugando, charlando, y claro, besándose también, nunca se cansaba de probar esos dulces labios, eran todo un manjar...

A la tercera semana recién el castaño tuvo el permiso del médico para volver a clases, le hacía mucha ilusión pues, aunque disfrutara de las tardes que pasaba con el mayor, las mañanas se le hacían tediosas e interminables estando encerrado volviéndose casi loco, estaba muy ansioso de poder al fin salir de casa. Aunque... tenía un poco de miedo, Kei se había portado de lo mejor con él pero, y si en la escuela era diferente? que tal si volvía a ser el mismo de antes? molestándolo y haciéndole tropezar cada que podía? No quería eso, deseaba que siguiera como hasta ahora, cuidándolo, mimándolo, siempre tan amable y cariñoso, así quería que fuese.
Se sentía mal por dudar de Inoo así, después de que este le prometió que nunca más lo haría sufrir ni lo incomodaría pero, no podía evitarse el estar dubitativo, se caracterizaba más que nada por su comportamiento tímido e inseguro, que podía hacer? además, aún no tenía claro exactamente  qué tipo de relación mantenían, amigos no podía ser, no después de todo lo que habían hecho, pero… tampoco le había pedido ser su novio...
"Novio" esa palabra resonaba en su cabeza todo el tiempo, tenía la pequeña ilusión de que le pidiera ser su novio, se estaba ilusionando con la idea y no quería que su pequeña burbuja de esperanza se le rompiera. sonreía como tonto cada que pensaba en ello, pero Kei  nunca se lo había pedido de manera oficial, y claro, podía ser que el término en si sonara lago fuera de lugar entre dos chicos, además, él ya sabía desde hacía mucho tiempo cuales eran sus preferencias sexuales, en cambio Inoo era diferente, al mayor le había gustado su prima hasta hace muy poco, hasta podría ser que estuviese confundido y no sintiera nada por él  más que un simple cariño y  amor hacia Saya. Cualquiera fuese el caso le aterraba la idea de perderlo, ya se había acostumbrado a pasar tiempo juntos, a confiar en él, depender de su persona inclusive.

Llegó a la escuela pensando en todas estas cosas que no pudo percatarse a tiempo de que ciertos tipos, los mismos de la vez pasada, lo tenían en la mira, sin darle tiempo a emprender la huída, aunque nunca fue de esos cobardes que se esconden, es más, siempre se mantuvo firme y si no respondía a las agresiones era porque creía que no merecía la pena malgastar sus energías en algo así.
De nueva cuenta fue llevado al patio trasero, ya imaginaba para que, consideraba una tremenda molestia tener que soportar eso otra vez.
Y es que Saya les había reclamado el hecho de haberlo golpeado e hizo público su parentesco con Daiki, les había dicho barbaridades y media y ahora esa bola de tarados lo culpaba por estar en tan malos términos con la chica.
Estaban esperando a que el menor apareciese para cobrarle por aquello, Saya no quería ni verlos, y los insultaba cada que podía, quería mucho a su primo, era un hermano mayor para ella por eso le afectó tanto lo que le hicieron y no reparó en agredirlos verbal y físicamente.

-estuviste de boca floja con Saya-chan no?- le acusó uno.

- eh? pero si no dije nada.-

- no quieras hacerte el tonto-

- pero no lo -

Un golpe de lleno en su estómago lo hizo callar. El impacto fue tal que lo hizo caer al piso del dolor.
Sus gafas se le cayeron y uno de ellos aprovechó para pisarlas y destruirlas mientras todos reían. 
Otro lo tomó del cuello de la camisa con la intención de golpearlo en la cara pero se detuvo. Al igual que Inoo quedó cautivado con el hermoso aspecto de Daiki. Y  cómo culparlos? ese pequeño y delicado rostro no era sino la perfección misma, se quedó como tonto mirándolo hasta que uno de sus "secuaces" lo apuró.

- que tanto esperas?-

-uh?-

- pero qué demonios te pasa? piensas darle de besos o qué? quítate!-

Lo hizo  a un lado y tomó su lugar, con furia le dio un golpe al menor, tirándolo nuevamente y haciendo que tocara el área lastimada con su mano izquierda.  El pobre Arioka no hizo mas que agachar la cabeza y derramar lágrimas, cuanto más tendría que soportar cosas como esa, odiaba las discusiones y mucho mas las peleas pero ya estaba llegando a su límite, desde el comienzo del año tuvo que soportar el acoso, amaba la  escuela como nada, le encantaba, pero desde que se transfirió  no hizo mas que sufrir por los constantes maltratos.
 

 

No estaba muy convencido de que le hubieran dado el alta al menor, en su opinión el castaño tenía que seguir siendo cuidado y en reposo, bajo SU cuidado claro, quería seguir mimándolo lo más posible, aunque… aún podría hacerlo.
Una sonrisa boba se  posó en sus labios al pensar en ello, pero esta se le fue de inmediato al ver tanta conmoción en la entrada de la institución, tuvo un mal presentimiento. Corrió lo más rápido que pudo hacía donde había escuchado, ocurrían los hechos, augurando lo peor para Daiki, ¿tanta mala suerte podía tener?! ¿Tuvo que salir tan temprano sin esperar a que llegue por él? Tuvo que ir solo por que su prima tenía un examen médico antes?  ¿Tenían que estar en un colegio donde los profesores eran una manga de inútiles con los cuales no se podía contar en absoluto? ¡Que tormento!
Le iba a dar el regaño de su vida al menor por ser tan cabeza hueca y ser un despistado de lo peor.
Su ira se hizo palpable al momento de ver a SU Daiki con rastros de sangre en el rostro, siendo sujetado por dos tipos, otro que estaba delante suyo gritándole de cosas y muchos otros alrededor.


Se acercó a ellos como alma que lleva el demonio y empujó al que Arioka tenía en su delante con mucha fuerza, liberó al menor de los otros dos y tomó el pequeño cuerpo del menor entre sus brazos, antes de que este se desvaneciera por lo débil que se encontraba.
- ¿qué te pasa Inoo? ¿Por qué lo ayudas? Tu eres quién más lo odia!- ante aquello el menor abrió desmesurado sus ojos, le había dolido.
- no... al menos ya no, no quiero que lo molesten más-
- pero él-
- ¡ÉL ES MÍO!  Aquel que se atreva a molestarlo se las verá conmigo!- sentenció firme y acto seguido le plantó un beso al menor dejando sorprendidos a todos.    
                                                    
Llevó a  Daiki a la enfermería, esperó paciente a que la enfermera terminara de curarlo, escuchando las quejas del castaño cada que le limpiaban alguna herida y  se ofreció a llevarlo de vuelta a su casa, era obvio que tendría que tomarse unos días de reposo.
Como la primera vez, Inoo ayudaba a Daiki a caminar tomándolo de la cintura, iban por el pasillo del tercer piso a paso lento, después de ir a buscar su cosas al salón de clases. Arioka estaba que se moría de  los nervios, en verdad Kei dijo aquello? Lo hacía sentirse muy feliz, había dicho delante de todos que era suyo, no cabía tanta dicha en su cuerpo, aunque… no lo llamó su pareja propiamente, y por más que estuviese que explotaba de felicidad por lo que hizo por él, quiso preguntarle algo de todos modos.
- Inoo-san… emmm yo me preguntaba a qué… bueno, a qué se refería cuando dijo que era suyo?- más colorado no podía estar al decir eso.
-creo que fue bastante obvio, me gustas- detuvieron el paso- quiero que seas sólo para mi-
-eso quiere decir que…-
-deseo que seas mi seas mi novio- a Daiki le brillaron los ojos. Se le estaba confesando verdad? Eso era algo oficial cierto? Las dudas que tuvo alguna vez se disiparon con esa oración, esa tan significativa oración que  lo era todo.
Kei por su lado no pudo resistir las ganas de besarlo, su  carita de sorpresa y felicidad era algo tan bello  que no podía, ni quería, contenerse de sentirlo cerca.  Lo  apresó contra la pared y tomó sus labios en un candente beso, tan profundo y dulce a la  vez. Sus lenguas masajeándose con lentitud, sus salivas entremezclándose, tan deliciosas.  Su temperatura corporal comenzó a subir,  de pronto los besos ya no les eran suficientes, necesitaban más, sus hormonas pedía por ello. Sin dudarlo ni un momento, el mayor tomó su mano  y juntos se adentraron al salón que tenían más cerca, uno de ciencias que estaba fuera de uso.                                                               
El lugar, a pesar de estar en inutilidad, se encontraba muy bien aseado, pero claro, ellos ni siquiera se percataron de su pulcritud, estaban más concentrados en obedecer a sus instintos que en cualquier otra cosa.
 Lentamente el pelinegro comenzó a desvestir a Daiki, a cada porción de piel descubierta la llenaba de caricias, robándole suspiros al menor,  a cada marca que encontraba en esa blanca y tersa piel no hacía sino besarla con suma adoración, como queriendo curar aquel cuerpo lleno de heridas con sus labios. Lo desnudo por completo y su admiración fue evidente, ese pequeño cuerpo tan bien formado era mucho más hermoso de lo que había imaginado. Sí, ya lo había hecho, aunque no esperaba que fuese tan pronto, había fantaseado con aquel momento incontables veces, llevándolo a masturbarse sin control gimiendo el nombre de Daiki; pero eso no era un sueño, lo tenía delante suyo en cuerpo y alma, a punto de disfrutar en carne propia todas aquellas fantasías con las cuales se vanaglorio en su soledad.  
Sin más espera, comenzó a pasar sus manos a lo largo del cuerpo del menor, deteniéndose considerablemente en el área de los pezones y nalgas, dando placenteros masajes en aquellas superficies particularmente deliciosas. El menor soltaba jadeos incesantes, ser acariciado de esa manera por Kei se sentía realmente bien,  no esperaba que sensaciones como esas fueran posibles de lograr en el organismo humano.                                                                                                            Poa De a poco fue bajando hasta su entrepierna, tomó su virilidad con delicadeza y recorrió con besos la longitud del mismo. El castaño suspiro ante tal acción, los labios del mayor eran suaves, carnosos, incrementaban su placer. Sin previo aviso, se introdujo el miembro en su boca, logrando que las piernas de Arioka fallaran y terminarse arrodillado en el suelo, para el pelinegro era un poco incómoda la nueva postura, asi que optó por recostar el cuerpo del menor en el piso por completo y proseguir con su tarea, degustando exquisitamente su pene.
El acalorado ambiente, era más de lo que el pobre Inoo podía soportar, la laboriosa tarea de darle placer oral al menor le había subido mucho la temperatura, su cuerpo estaba sudoroso y es que el sólo escuchar los embriagantes gemidos de su acompañante lo ponían al límite, uno que ya había sobrepasado. La urgencia de tomarlo se apoderó de él y de un momento a otro se retiró de su entrepierna y pasó a desvestirse con premura. Agarró las piernas blancas del menor y elevó su parte baja, acercándola a su miembro, que ya estaba más que duro. Se introdujo muy suavemente, sintiendo la estrechez incomparable del castaño, era algo fenomenal, sus paredes se resistían a abrirse y dificultaban un poco el proceso, pero el aprisionamiento que encerró a su miembro lo llevaron a la gloria, soltando un  escandaloso gemido.
-ahhh~!!!- gritó  al sentir como la entrada de Arioka  entrada se comprimía más y más.
-Ke~Keei!!-soltó el menor al sentir un  dolor lacerante.
- est—estás bien? Si quieres… paramos- le dijo dulcemente mientras acercaba su  rostro al del otro y acariciaba su nariz con la propia.
- no, sigue por favor- imploró el menor.
Inoo lo besó tiernamente, tratando de distraerlo un poco de aquel dolor punzante. Empezó de nueva cuenta con las embestidas, teniendo extremo cuidado de hacerlo lento para no lastimar a su pareja, pero no dejó de besar sus labios en ningún momento. Sus movimientos de caderas iban al compás de sus besos, sin prisas, Kei lo embestía  pausadamente, abriéndose paso en su interior, llegando cada vez más profundo. Continuaron con aquel delicioso ritmo, incrementando su goce, llegando juntos al tan ansiado orgasmo.
- eso fue…totalmente… increíble-  dijo entrecortadamente Inoo con una sonrisa.
-no se arrepentirá?-
- arrepentirme de qué?-
- de lo que dijo antes, delante de todos-
- nunca, ahora eres mío, que lo sepan todos, así es mejor-
- está seguro?-
 -claro que sí, lo dudas acaso?-
- n—no  claro que no, nunca más- sonrió.
- asi está mejor, nos vamos?-
- hai-
Ambos se cambiaron con total  tranquilidad y salieron del lugar, debían de dirigirse  a casa del menor, los golpes anteriores y el ejercicio extra que acaba de realizar lo tenían exhausto,  y con los obvios nuevos cuidados de Inoo de seguro que tardaría aún más en recuperarse por completo, pero bien valía la pena.
Al salir de la escuela notaron como todos se les quedaban mirando.  Iban tomados de la mano, y con las declaraciones anteriores de Kei, era innegable el tipo de relación que mantenían. Pero al mayor no le importaba, había descubierto un maravilloso ser de nombre Arioka Daiki y no permitiría que este se le fuese arrebatado de su lado nunca, lo protegería y amaría, por que era suyo, aquel enemigo que en un día… se convirtió en el amor de su vida.

viernes, 24 de agosto de 2012

SEMPAI

Holaaa~
lamento la tardanza y más aún no darle conti tanto a los oneshot como a los fics que tengo pendientes
pero lo haré!! ya estoy trabajando en ello :D mientras tanto, y para no dejar abandonado el blog, les traigo un YabuTaro!

a ver si les gusta~ ( espero que sí >///<)




Nuevamente se quedó embobado viendo a su sempai ¿cómo se podía admirar tanto a una persona? Pero, ¿cómo no hacerlo si esa persona era Yabu kota? No existía ser más perfecto que él, siempre tan correcto, tan pulcro, tan formal y galante, la cantidad de chicas que tenía a sus pies no se comparaban en nada a las chicas que  él mismo hacía suspirar. Por estas y muchas razones más era que sentía un profundo y sincero respeto por el mayor, presidente del consejo estudiantil,  as del equipo de fútbol, el primero en el ranking escolar,  la perfección echa hombre. Aspiraba ser como su sempai, tener las mismas cualidades y virtudes, en verdad anhelaba poseerlas, pero le faltaba un gran camino a recorrer, de eso estaba seguro.


-¿de nuevo “stalkeando” a Yabu sempai?- inquirió su amigo chinen.


-¡no soy un stalker! ¡Baaaka!- se defendió


- a ¿no? Y ¿qué haces acá  en las canchas si deberías estar en la sala de música?- Morimoto se sonrojó- jaja ¡viste! Faltas  a tus prácticas con tal de verlo, estás enfermo Ryu-chan- se burló Chinen.


-¡¿qué dijiste enano?! Se levantó de las gradas persiguiendo a su amigo, llamando la atención del equipo que se encontraba en plena práctica.



- que ese no es el mocoso que está enamorado de ti Yabu?


-mhm?- volteó la vista al mismo lugar que miraba su amigo.


- el niño ese que te sigue a todos lados, no te hagas el tonto, Morimoto si no me equivoco ¿cierto?- dijo Hikaru.


-ahh si, ese niño es un pesado, a donde quiera que vaya está él, es insoportable- comentó Kota muy arisco.


-pues parece que dentro de poco dejará de serlo~…-


- ¿a qué te refieres?


-parece que ya buscó a alguien más, bueno ¿quién podría culparlo? Chinen-kun es muy lindo ¿nee~~?- sonrió al decir eso último.


- pero ¿qué dices? Acaso te gusta ese niño afeminado?- preguntó Yabu.


- claro que no, solo bromeo. Aunque si creo que Morimoto te cambió- dijo dándole un suave golpe en el hombro y negando lentamente con la cabeza, como lamentando el hecho.


- ya déjate de estupideces- dijo Kota muy molesto, y así,  sin más, se fue a las duchas, bajo la atenta mirada de todos; de repente las ganas de practicar se le habían ido…






Seguía buscándolo por todos lados  ¿por qué parecía que ya no se encontraba en la escuela?
No sabía  y la duda lo estaba matando, hacía tres días que prácticamente no lo veía;  si se encontraba con el mayor por casualidad,  podía sentir que la mirada de este se posaba en  él durante unos segundos y luego apresuraba el paso, podía ser acaso que le estaba huyendo?
Aunque mucho sentido no tenía ¿por qué lo haría? no tenía motivos para hacer tal cosa, a menos que...
Se habría dado cuenta que lo perseguía a todos lados? Yabu no podía saber eso, es decir, todo el mundo lo sabía, era más que obvio que era uno de sus "fans", el autoproclamado fan nº1 de Yabu Kota, pero; lo suyo era solo respeto y admiración hacía su persona ¿podría ser que haya malinterpretado todo y pensara mal de él? tal vez eso era lo que ocurría, su sempai ya no lo quería cerca porque pensaba que era un "rarito" y que de seguro quería algo con él, pero las cosas no eran así, no lo eran...

Se deprimió bastante por ello, de seguro y ese era el motivo por el cual lo evadía, por el cual no lo quería cerca. Paso días en verdadera agonía por ello, se sentía terriblemente mal de saber que la  persona que más admiraba en el mundo lo evitaba, que lo despreciara e incluso odiara, en su mente se formaba una película como esa, y  no quería, no quería por nada del mundo sentir el desprecio de su sempai.

Lunes, fue a la escuela falto de ganas, después de un fin de semana demasiado largo debía volver al colegio y eso no le caía nada bien, prefería un millón de veces estar encerrado en su habitación, no deseaba incomodarlo, porque de seguro eso era lo que haría una vez llegar al lugar, lo buscaría en cada rincón sin poder evitarlo, era una costumbre muy arraigada que poseía, desde que entró a estudiar ahí prácticamente. Por más que tratara de resistirse no podía evitarse a si mismo buscar  a Yabu por todos lados para quedársele admirando como tonto.
Pero no quería ser más un incordio, e iba a demostrarlo de ahora en adelante, pues con mucho pesar se puso como objetivo dejar de ser tan molesto, ya no vería ni estaría pendiente de Yabu, había decidido de una vez por todas dejar de hacerlo, era una decisión tomada y por más que le doliera debía hacerlo...


~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~


- oh! vamos Chii quiero  comer de una vez- insistía Ryutaro ya muerto de hambre.

- si si ya voy, que impaciente Ryu-chan-

- pero vamos hombre que se nos va a terminar la hora del almuerzo-

-ya voy ya voy- pero el pequeño parecía darle igual los reclamos de su amigo, pues lo seguía a paso lento. Harto de su actitud, Morimoto lo tomó de la mano y se lo llevó casi arrastrándolo. En su camino  hacia la azotea se encontraron con los alumnos de último año pero solo siguieron de largo.





Acaso había visto bien? esos dos estaban tomados de la mano?
no podía equivocarse, estaba completamente seguro de que lo que vió, fue las manos de ambos chicos tomadas y, además...a dónde iban con tanta prisa?

- moviéndote Kota que si no te dejamos- le gritó su amigo.

- ah, si  vamos- y emprendió camino nuevamente, se había quedado parado a mitad del pasillo meditando lo que había visto hacía unos instantes.







Poco a poco iba dejando atrás todo, ya no se atormentaba tanto por su sempai, sabía que estaba bien y que seguía siendo esa maravillosa persona que el creía que era, no se sentía tan angustiado y hasta se podía decir que estaba feliz; y cómo no estarlo con su mejor amigo siempre animándolo y haciéndolo reír. Estaba muy agradecido con él por ello. Necesitaba retribuírselo de alguna manera, debía hacerlo...


- oye Chii hay algo que quieras recientemente?- dijo terminando de comer su último onigiri; nuevamente estaban almorzando en la azotea.

-mmmm pues, no realmente, no...- dijo el pequeño.

- oh vamos Chii piensa en algo-

-a qué viene esto?-

-es que... me haz ayudado mucho últimamente y quiero compensarte con algo-

-pero no es necesario Ryu, eres mi amigo-

- aún así yo quiero hacerlo- dijo mirándolo serio.

- pues, ya que te pones en ese plan... tal vez haya algo-

-muy bien, dime qué es-

- esto es un poco vergonzoso- alegó algo apenado el mayor.

- no importa solo dilo-

- muy bien... quiero que me des… un beso-

- o________o eh? repite eso por favor?- dijo creyendo escuchar mal.

- que quiero que me des un beso... no vayas a pensar mal, es sólo algo que quiero comprobar- se defendió ante la mirada perpleja y desaprobatoria de su amigo.

- y qué es lo que quieres comprobar?- inquirió.


- algo y ya, si no quieres está bien-


-mmm está bien, no puede ser tan malo supongo, después de todo somos amigos- dijo algo dudoso.

- ok...-


Se fueron acercando lentamente, ninguno de los dos estaba a gusto con la idea pero, el mayor necesitaba sacarse una duda muy grande que tenía desde hace un par de días y Ryutaro había decidido compensar a su amigo por todo el apoyo que le había brindado. Aunque significare darse de besos con él, más adelante insistiría en preguntarle por qué.  Sus labios estaban a centímetros de distancia, casi rozándose, podían sentir sus respiraciones, siguieron, y finalmente se besaron. Era en beso tímido, apenas y juntaron sus labios, sus ojos permanecieron abiertos durante unos segundos y luego los fueron cerrando despacio, sorprendentemente para ambos, no era desagradable, algo incómodo sí, más no desagradable. Los segundos pasaron…


-cuánto tiempo más tendremos que estar así?- habló encima de sus labios Morimoto.


- ni idea-contestó el bajito de la misma forma- estaban a punto de separarse cuando la puerta se abrió y la sorpresa los atrapó.
Chinen no sabía dónde meterse, le apenaba mucho que le pillaran en ese tipo de situación, era demasiado vergonzoso, aunque realmente no estuviesen haciendo nada malo. Mientras que Ryutaro quería que se lo tragara la tierra, cómo fue tan estúpido de seguirle el juego a su amigo, cómo?! Ahora por tal tontería seguramente esa persona iba a pensar mucho peor de él. Por qué tenía que ser precisamente él quien los encontrara de esa forma? Por qué justamente cuando estaban besándose?!



****

No entendía lo que pasaba con él últimamente, antes no le daba importancia pero, en los últimos días no podía sacarse la imagen de los menores corriendo y tomados de las manos con unas enormes sonrisas, le inquietaba a sobremanera. Le había molestado, no le agradaba en nada admitirlo pero era algo innegable ya.
Siempre trataba de llevarse bien con todos, correcto y cortés, pero por algún motivo Morimoto le caí en la punta del hígado, tal vez porque lo seguía a todos lados o por como se expresaba de su persona, parecía que le tenía ganas y a él no le gustaba para nada, no toleraba que un niñito tonto estuviese enamorado de él, por su culpa tenía que soportar las constantes burlas de sus amigos, lo tenían al tope y todo por culpa del mocoso rarito ese. Lo detestaba...
Pero… si lo detestaba tanto, por qué en lugar de alegrarse de haberse librado de ese niño le molestaba que anduviera por todos lados con el tal Chinen? Y para colmo,  TOMADOS DE LAS MANOS! Par de locas…
Nuevamente los vio dirigirse a la azotea, le estaba colmando la paciencia la actitud de esos dos, típica actitud de  parejita melosa que no se despega ni por un segundo; que horror!
Sin darse cuenta los siguió, su curiosidad por ver que tanto hacían en ese lugar era grande, aunque fuese más que obvio que estaban almorzando, pero no se creía el cuentito, estaba convencido de que hacían algo más ahí
y quería averiguarlo.
Al entrar deseo con todas sus fuerzas no haberlo hecho, la imagen que vio le removió todo dentro, se volvió una furia en cuestión de segundos, se le notaba en el rostro. Y es que, cómo se atrevía a cambiarlo por Chinen, Chinen!? El  mocoso afeminado con pinta de gay! Cómo?,  sintió celos? no, celos no; traición eso sí, desvalorizado, también.
El estúpido de Morimoto no podía haberlo cambiado por ese chiquillo idiota. Que osadía, ya le enseñaría que a él nadie lo menosprecia de esa manera.
 Hecho una fiera se fue a su salón de clases, tomó sus cosas y sin dar importancia a sus compañeros se retiró del colegio, no soportaba estar ni un minuto más en ese maldito lugar, sentía que se sofocaba, no lo toleraba, su orgullo estaba por los suelos y si se quedaba un minuto más de seguro su verdadera personalidad saldría a flote.

****

Tenía una terrible vergüenza como para  ir a clases, no quería llegar a cruzarse con Yabu ni de causalidad, por ello se quedó en esa esquina, veía como los demás estudiantes pasaban y el sólo se quedaba ahí sin la más mínima intención de mover un pie. De repente alguien se le puso delante.


- se… sempai!-


Silencio.

Por unos minutos, unos terribles y largos minutos los invadió. Uno no pudo evitar bajar la mirada sintiéndose el imbécil más grande del mundo, y el otro, por estar demasiado  molesto como para decir algo.
No comprendía por qué, no consentía idea alguna que le diera una respuesta concreta a ello. ¿Por qué el verlo besarse con otro lo enojaba tanto?
Harto de su comportamiento infantil e idiota tomó al menor por la muñeca con fuerza, una potente que no le permitió a Morimoto soltarse a pesar de los intentos que hacía, averiguaría de una maldita vez por qué ese niño tonto lo ponía tan mal. Lo haría…


El menor estaba anonadado, nunca se le cruzó por la mente que el mayor pudiese vivir solo, pero ese departamento lo delataba, siendo tan joven e independiente hicieron que su admiración por él crecieran, olvidando por completo todo lo sucedido con anterioridad.



-usted es genial Yabu-sempai, es tan joven y ya vive solo-


- pero qué dices niño?- se le oyó muy molesto.


- ah! Emm no nada sólo que me parece genial que sea tan independiente-


- asi? Dime, te gusto?-


-eh?-


-dímelo, me sigues a todos lados, hablas de mí como una quinceañera, estás enamorado de mi mocoso? es eso?-


- cla… claro que no sempai!. Nunca me fijaría en usted de esa manera-


- ah no? Estás seguro? a mí me parece que te gusto…-


A paso lento fue acercándose hacia él, llevándolo al sillón  de la sala, haciendo que retrocediera hasta caer de espaldas sobre este. Tenía miedo, mucho miedo, qué pretendía Yabu? Aún se preguntaba por qué el mayor lo llevó a su casa y para colmo de males le estaba jugando una muy pesada broma, peor aun cuando vio cómo se acomodaba para recostarse sobre él.



- e--espere qué está haciendo? Sempai quítese por favor-



- no digas que esto no te gusta niño, yo sé que siempre lo has querido-


-no es así Yabu—san -intentó excusarse.


- entonces ahora te gusta el tal Chinen-kun?-


- Chii? no! claro que no, él es mi amigo-


- tu amigo... y yo que soy?-


-usted es mi sempai-

- asi que sólo tu sempai… eh~? y yo que me creía especial- dijo con un leve puchero.


-pero usted lo es! Todo acerca de Yabu-sempai es increíble-dijo muy seguro.


- dime algo Morimoto,  no quieres divertirte un poco con tu querido sempai?-


-eh? a qué se refiere ust-

El mayor lo interrumpió dándole un tremendo beso, fue muy brusco en un principio, sus labios chocaban de manera tosca los ajenos y no le causaba ningún tipo de sentimiento. Era un beso frío, muy frío.
Se separó del menor con una terrible cara de decepción, no esperaba que el beso fuese tan desabrido.


- por qué?... Por qué se siente tan vacío?

- sem… pai?-

- eso fue terrible, tú!- lo señalo- eres terrible besando- dijo con cara de asco.

Ryutaro no entendía, primero lo besaba y luego decía eso? Es decir, para qué ****** lo besó en primer lugar?, qué buscaba con eso?

- ahh...- suspiró con pesadez- esto fue un error, me sigues cayendo mal. Vamos, vete de una vez- a empujones lo sacó de su departamento, se sentía como un idiota por haberse comportado de esa manera y para colmo de males para el pequeño, lo culpaba por ello. Pero, cuál fue el error de Morimoto realmente? admirarlo? Dejar que el mundo entero se enterará?
Podía ser un poco, ¡mucho!, exagerado, pero aún así Kota estaba siendo demasiado duro con el niño, él lo sabía, y llegó a pensar que tal vez fuera porque le gustara y por ello se comportó como un chico de primaria. Pero fue inevitable demostrar tal decepción en su rostro, aquel contacto fue completamente ajeno a todo lo que esperaba. Si no era eso entonces qué. El niño aquel era un terrible dolor de cabeza, y no valía la pena!
Eso creía él.



No pudo regresar a casa, a los minutos de ser echado se  fue a sentar a las escaleras de emergencias que estaban a un lado del departamento del mayor. Estaba muy desconcertado, lo ignora, lo secuestra, lo besa y luego lo echa; que pasaba por la mente de Yabu para comportarse de esa manera?  Trataba de descifrar esos cambios en el otro pero no aparecía nada en su mente. No tenía por qué haberlo besado y más aún haber dicho que fue…vacío? Qué rayos significaba eso?
Conforme pasaban los minutos del gran error que había cometido, cómo pudo tenerle admiración alguna al idiota ese?
Sólo era un tonto con tendencia homosexual egoísta y ególatra, tanto tiempo sufriendo sus desplantes, tanto tiempo tratando de ser como él; ahora todo eso se vía demasiado ridículo, esa persona no era ni genial ni amable, ni nada bueno! Era un reverendo idiota en el que sólo perdió el tiempo, y encima tuvo la desfachatez de humillarlo! Que su beso era vacío?
Terrible? Su técnica era más que satisfactoria! Incontables chicas lo elogiaban por eso, sus muchas novias morían con ese contacto, y el resto… deseaba probar esos tentadores labios.
Terrible? Ja! Terrible era él, a eso se le podía llamar beso acaso? No, por supuesto que no, Morimoto se creía muy superior en ello, su experiencia pasaba le corroboraba eso.
Asi que, por qué tenía que sentirse mal, por qué la frustración? Él  no había hecho nada malo, ahora estaba seguro de ello; pero aún algo lo molestaba; y eso era que el mayor lo criticara. Es decir; ni siquiera lo intentó, cómo podía juzgarlo así? Tenía pensado olvidarse por completo de ese patético chico con ínfulas de príncipe, pero antes tendría que hacer algo como un pequeño acto de venganza.


Estaba a punto de ir  a la cama, eran pasadas las 10 de la mañana y como no regresaría  a la escuela, se quedaría en casa haciendo nada, luego pediría prestado los apuntes; ya terminaba de sacarse la remera cuando el timbre sonó.
Se acercó con desgano hacía la puerta y al abrirla se sorprendió de ver a Morimoto ahí parado con un aire siniestro, se le veía molesto. Le iba a cerrar la puerta en la cara pero el menor su más rápido y con una fuerza desconocida entró a empujones y cerró la puerta a sus espaldas.

- qué crees que estás haciendo? Si es por lo de hace rato te digo que no me intere- Ryutaro lo había tomado por los hombros y lo estampó contra el frío suelo.
Le había dolido, mucho. Iba a darle una buena tunda al mocoso por tal atrevimiento pero entonces el menor lo atacó con algo que simplemente no tenía previsto… sus labios. Fue completamente diferente a la vez anterior, los labios de Morimoto se movían pausadamente sobe los suyos, un contacto muy suave y delicado que lo hechizó. Poco a poco se fue perdiendo en esa perfecta unión, llevando sus manos a la cabeza y espalda del menor para profundizar más el beso.
Abrieron sus bocas explorando con sus lenguas la cavidad del otro, era algo tan placentero, se sentían en las nubes. Yabu no podía creerlo, eso era lo que quería sentir antes, esa era la sensación que anhelaba encontrar, aquello era por lo que tanto había esperado y cuyo sentimiento había tratado de reprimir;  Ryutaro por su parte, no pensaba en nada, estaba tan sumido en disfrutar todo lo que empezaba a  crearse en su interior por tan espectacular beso que hasta olvidó por completo su enojo con la persona a la que ahora  se aferraba tan fervientemente. Sin embargo estar recostados en el piso era un poco incómodo; Kota se levantó lentamente sin romper el beso y por consecuente haciendo que Ryutaro también lo hiciera, tomó al menor por las piernas, abriéndolas y enrollándolas en su cintura. De esa manera lo llevó hasta su habitación y lo recostó gentilmente en la cama. Por un momento cesaron todo movimiento, que estaban a punto de hacer?!
No decían nada, la vergüenza era muy alta, ese beso, las caricias, había pasado todo muy rápido y eso los asustaba un poco.

- yo emm… lamento haber sido tan cruel contigo- se disculpó el mayor mirando a otro lado.

- yo lamento haber sido tan molesto- dijo el pequeño con voz quebradiza- en verdad, lamento mucho haberlo hecho sentir incómodo, nunca fue mi intención-

- lo sé pequeño, lo sé…- le sonrió amablemente- dejemos eso atrás quieres?-
-hai!- asintió feliz Morimoto, con sólo eso ya había mandado por la borda todo enojo y frustración que sintió anteriormente- etto… y qué hacemos ahora?- preguntó con inocencia por no saber si regresarían a clases.

- mmm creo que nos quedaremos aquí, nos lo estábamos pasando de maravilla y creo que hasta podemos mejorar eso nee~?
La  cara del menor se tornó roja, con tan solo imaginar a qué se estaba refiriendo Yabu.

-hentai! Yabu-sempai es un hentai!- comenzó a darle de almohadazos.

- ehh! Pero yo decía de pasar el día juntos! Qué tipo de cosas imaginabas eh? el hentai aquí eres tú!- se defendió y salió disparado de la habitación huyendo del menor.

- vuelva aquí sempai!! Sempai!!-

Y así se pasaron toda la mañana jugando y riendo, entre beso y beso, no se dieron cuenta cómo fue que empezó todo, no les interesaba, se sentían bien en compañía del otro, siendo ellos mismos, sintiéndose plenos y… enamorados tal vez? Eso, el tiempo lo dirá…

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- y bien ya lo sabes entonces?-

-asi es, ahora puedo estar seguro, lamento haberte hecho esperar-

- eso no me importa, lo importante es que estés seguro de lo que sientes por mí-

- y lo estoy, yo… te amo Hikaru-

- no tienes idea de lo feliz que me hace escucharte decir eso Chii- el mayor lo abrazó con fuerza.

- y bien qué haremos hoy?- preguntó emocionado Chinen.

- por ser nuestra primera cita tengo planeado algo especial- le dijo guiñándole un ojo.

- mmm jaja ok, pero seguro que no tendremos problemas por faltar hoy a clases?-

- claro que no,  ni lo notarán, mañana le pido los apuntes a Yabu y listo- dijo sonriente.
- mh! Y yo se los pediré a Ryutaro-

-me gustaría que esos dos se lleven bien, asi al menos no tendríamos que escondernos de ellos-

- lo sé- dijo algo acongojado el menor-

- por cierto… que te hizo darte cuenta de que me quieres?-

- ah1 eso emm nada importante, no lo tomes en cuenta- sonrió tratando de esconder su nerviosismo y comenzando a caminar. No podía decirle que había usado a Ryutaro para ello…