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viernes, 19 de abril de 2013

Tell me... why? 11



Es MUY tarde (2am), apenas llego y esto fue lo único que pude publicar, que sigo sin tener inter en la compu de casa y pasarle del celu me da dolores de cabeza porque pierdo la señal cada minuto -____- 
eso es todo y lamento mucho haberme tardado, pero ya publicaré todas mis contis pendientes...
espero que les guste!

*******************************************


Estaba furioso, nunca antes me había sentido así de mal, iba por la calle maldiciendo y empujando a todos a  mi paso, no me importaba, ya nada me importaba, Daiki estaba con aquella infeliz y lo peor era que no tenía ni idea de que era lo que pasaba por su cabeza, ¿qué pretendía enamorándolo?
*Si se atreve a lastimarlo la mato* pensaba, no permitiría que le tocase uno solo de sus cabellos, la agarraría a golpes de ser necesario, él significaba todo para mí y no estaría dispuesto a dejarlo a su merced, tenía que hacer algo y rápido.


*********


- vaya vaya, que sorpresa que hayas venido sin que te llamen- me decía mientras me dejaba pasar a su departamento.

-tenemos cosas de que hablar-

-y supongo que Dai-chan está entre ellas ¿no?-apreté los puños al escucharla emplear su nombre con tono meloso.

- supones bien-

- habla entonces- dijo mientras cerraba la puerta y pasaba  a la sala.

- te lo diré simple y claro, quiero que te alejes de Daiki- sentencié firme.

- mmm y qué pasa si te digo que no quiero?- me contestó con burla.

- haré que te arrepientas- al instante le cambió la cara. No le gustaba que me le subordinara.

-no te atrevas a desafiarme Kei, o sabes lo que te pasara-

- no importa, que te quede claro, si lastimas a Daiki... te mataré-  la amenacé con voz fría, sus ojos se abrieron como platos; nunca antes me había atrevido a hablarle así.

-esto te costará Kei- dijo entrecerrando sus ojos.

- te costara a ti si te atreves a lastimarlo. Eso era todo, me voy- concluí para salir de ese lugar tan asfixiante.

Por primera vez desde que la conocí tuve el valor de enfrentarla, pero no podía dejar que dañara de alguna manera aquello que atesoraba más que a mi propia vida, porque Arioka Daiki se había convertido en todo lo que necesitaba para sobrevivir, ya lo tenía más que claro.


Habían pasado dos días desde que tuve esa "charla" con Hanna y no recibía noticias suyas, lo peor era que tampoco de Daiki, eso no tenía buena pinta, no podía quedarme tranquilo hasta estar 100% seguro de que nada malo le había sucedido.
Hanna podía llegar a ser muy sádica, tenía que llevarme lejos a Daiki y salvarlo de sus garras, una mujer tan aterradora como ella era capaz de las peores cosas, por lo que tenía que actuar pronto. Tal vez lograba convencerlo y me  lo llevaba en unas mini vacaciones, podría confesármele y vivir juntos el resto de nuestras vidas. Me hacía mucha ilusión el pensar aquello y me sentía como tonto enamorado de tan solo imaginarlo, pero era algo que anhela dentro mío, un sueño que esperaba se realizara.

Unos días más pasaron y ya estaba terminando de arreglar todo para escapar junto con Dai, aún habían muchas cosas en contra pero trataría de convencerlo de que lo hiciera, el año se estaba terminando y con ello mi paso por la secundaria, solo meses faltaban y me dedicaría a trabajar y darle todo lo que él se merecía, estaba dispuesto a cuidar de Daiki en todos los aspectos, lo tenía muy decidido.
Lamentablemente, tarde más de lo que hubiese deseado y sin dar crédito a cómo Hanna había dado su golpe...







Estaba atónito, no entendía por qué me había golpeado al abrirle la puerta,


Mi rostro ardía por el golpe, pero no se comparaba en nada al dolor que sentía por dentro.
Mi amado Daiki me miraba con odio, uno muy grande, me lastimaba, aquella mirada me lastimaba.


-¡ERES UN MALDITO!- 

-¿cómo pudiste hacerle algo asi? ¡¿CÓMO?! ¡ME DAS ASCO!-

En un principio no entendía nada, pero basto poco para que me diera cuenta de  que era lo que pasaba, esa maldita me había tendido una trampa, le hizo creer que era un monstruo, la peor basura del mundo y Daiki se veía muy convencido de ello. Él le creía absolutamente todo, había perdido su confianza, su cariño, de un sólo  golpe lo había perdido todo de él, todo lo que necesitaba, lo que me mantenía vivo, feliz, todo aquello se  había convertido simplemente en recuerdos, todos esos buenos sentimientos que albergaba por mí se transformaron en odio, asco, furia, ya nada quedaba de aquella hermosa sonrisa que me dedicaba, ahora en mi mente se grabaría aquel rostro sombrío. esos ojos llenos de odio que penetraban mi corazón como un cuchillo, se enterraban en lo más profundo de mi ser, haciéndome sangrar internamente, queriendo gritar de sufrimiento por el daño de esa mirada fúrica que  me lanzaba, y pensar que todo se debía a esa maldita arpía. Mi dulce y adorable Daiki había desaparecido dejando en su lugar a alguien completamente desconocido , quien solo  me aborrecía y pensaba lo peor de mí; pero; ¿es que acaso no me conocía lo suficiente como para saber que yo no era de ese tipo de persona? claro que he hecho muchas, muchísimas cosas malas en mi vida, pero, abusar de alguien? me creía tan bajo como para hacer eso? una furia abrazadora se apoderó de mí, estaba molesto, muy enojado, por qué creía eso? todo el tiempo que estuvimos juntos ¿no le bastó para conocerme?
Bravo Hanna habías logrado que me odiara, lograste destruirme.

  
- jajajaja JAJAJAJA, ¿qué no es obvio? Te odio…-

- ¿qué?- preguntaste confuso.

- te odio- te miré con mucha rabia- ¡TE ODIO!-



Esas palabras salían de mi boca con tanto desprecio, porque en esos momentos no veía a mi dulce Daiki, en esos momentos solo podía ver a Hanna con su sonrisa maléfica tratando de hacerme daño, al verlo sólo podía verla a ella y a su maldad.


Te empujé con fuerza al piso y cerré la puerta con seguro.
Ya me había perdido, ya no me sentía yo mismo, me dejé llevar por  el sufrimiento y odio que albergaba mi corazón, no pensaba con claridad.
Arrastré tu cuerpo con brutal fuerza hasta mi habitación y te encerré ahí.
Escuché tus incesantes gritos y golpes constantes mientras caía al suelo con las manos en mi pecho y lágrimas descendiendo por mi rostro, dolía tanto Daiki, tu odio me lastimaba tanto, hasta el punto de quitarme la respiración, ya no podía soportarlo, a ella la veías como alguien pura y de buenos sentimientos, mientras a que  mí, a mi sólo como una vil escoria que no merecía estar en este mundo, y así era Dai, no por las razones que tu creías, pero así era.

Pero si me ibas a odiar de todas formas, decidí que ya no importaba nada más...

Tomé las sogas que usaba en ocasiones con Hanna y te até de pies y manos para que no pudieses escapar, te dejé en una silla de la habitación y te sujeté con fuerza  a esta también, te dejé sólo por unos minutos y cuando estaba a punto de regresar contigo esa maldita mujer apareció de nuevo.

- hola Kei-chan- me saludó hipócrita.

Mi rabia fue tan grande que la tomé por el cuello, mientras le gritaba.

-perra, ¡¿qué le dijiste?! ¡él me odia!-

- te hubiese odiado si conociese de verdad- dijo como puedo.

La tiré al piso con mucha fuerza y llevé  mis manos a mi cabeza por la desesperación.

-asi debe de ser, nunca debiste fijarte en ese mocoso en primer lugar, olvídalo y hazme tuya Kei-

Cada palabra salida de su boca me provocaba nauseas, pero si tanto lo quería, lo tendría.
 La tomé de los pelos y así la llevé hasta la habitación dónde se encontraba Daiki.




- pero ¿qué demonios crees que haces? ¡suéltame!-


- ¡cállate y entra de una maldita vez!- la tiré sobre la cama.

En el momento que vio a Daiki le entró la desesperación, se imaginaba lo que haría y sabía tan bien como yo que no podría contenerse de disfrutarlo.
 La desvestí rápidamente y la puse boca abajo arrancándole la ropa interior. 
La penetré con dureza haciendo que sangrara. Pero era así como a esa salvaje le gustaba, y estaba a punto de ser descubierta.



- te gusta eh puta, es así como te gusta o ¿no? Jajaja-


-bast-…a, ya no sigas…si  lo haces no sere ca-capaz de…-

- pero es así como te gusta, no eres más que una sucia puta ¡toma!-

Y me introduje  con mayor fuerza en su interior, me dolía pero no quería parar, quería que Daiki viera cómo era en realidad, pero la muy maldita se las arregló para ahogar sus gemidos en la almohada, de nuevo había fallado.

Me salí de ella y sentí asco de mí mismo, era tan grotesco haber estado dentro suyo, y ni siquiera pude desenmascararla.

Se fue de inmediato y nos dejó solos, completamente solos...





martes, 18 de septiembre de 2012

Mabe




Hoooola~ de nuevo por aquí con un oneshot dedicadísmo a mi hermosa Mabe del alma ( por ello el título)
sé que te dije que lo iba hacer hard lemon pero... se me dió por esto . __________ .
de todas formas espero que lo disfrutes :D
y las personas  que me leen también  n_n
pd: (Mabe) gomen por la tardanza pero esperaba publicar más de una  cosa,  aunque ya ves,  no pude terminar a tiempo  los escritos que tengo T^T






Nuevamente lo veía ahí, sentado bajo ese árbol, cuando no leyendo una de esas historias de terror que tanto le gustaban, era un chico tan reservado, siempre teniendo las narices en libros y no hablando con nadie más que una persona, la burla del salón, el blanco de todos los abusivos; es que no conforme con ser un nerd, tenía unas gafas exageradamente grandes para su rostro y su  estatura no ayudaba en nada, lo veía y se preguntaba cómo una persona así podía tener de novia  a la chica más linda de toda la escuela, ¿qué le vió?
Una chica tan hermosa como ella, ¿teniendo de novio al esperpento ese? le parecía ridículo, cada que los veía juntos se moría de los celos, esa niña le había flechado desde el primer momento que la vio, y cuando quiso acercarse a ella, esta estaba demasiado cariñosa con el nerd ese, siempre riendo, jugando y almorzando juntos, no aguantaba más, lo único que deseaba era romperle la cara al idiota  por haberle robado a su chica soñada.

Se encontraba completamente distraído, ya iban por la mitad de la clase y no había prestado la mas mínima atención, toda se encontraba enfocada en molestarlo. Sí, para colmo de males para el mayor, Arioka era compañero suyo, tenía que soportar que cierta persona lo viniera a buscar todos los días en los recreos, el almuerzo, a la hora de la salida, maldecía al derecho y al revés al chico, lo odiaba como a nada.
Se preguntaba una y mil veces como era posible que alguien cómo el le pudiese haber ganado, porque, en un principio pensó que solo eran amigos, pero cuando se le fue a declarar a Saya, así se llamaba, lo rechazó diciendo que ya tenía a alguien más en su corazón, y al preguntarle si esa persona era Daiki no le contestó y solo se fue dejándolo con la duda, aunque  claro, casi siempre estaban  juntos era normal suponer que era él ¿cierto? ese maldito idiota nerd antisocial y tarado tenía por novia a la mas hermosa chica de todo el colegio pese a su aspecto, lo odiaba; y asi cómo él lo hacía, la mayoría de los chicos en la escuela también y por ello el menor era víctima de constantes abusos y maltratos de todo tipo, maltratos que entretenían en demasía  a Kei.
Se dirigía a su casa después de las aburridas clases, tuvo que hasta tarde limpiando el salón solo, su compañero se había dado a la fuga. Se iba maldiciendo de todo y a todos, detestaba aquello. Estaba a punto de salir de la escuela cuando escuchó unos ruidos extraños, parecían venir del patio trasero, curioso se dirigió al lugar, pudo ver muchos chicos que parecían rodear algo, o mejor dicho a alguien, lo insultaban y pateaban, estaba a punto de socorrer al pobre cuando vio quien era, Arioka, ese estúpido nerd estaba siendo brutalmente golpeado por los alumnos mayores, la razón, era obvia. Al darse cuenta de que era justamente él a quien golpeaban todo ánimo de ayudarlo se le esfumó, no tenía razón para hacerlo, al menos ninguna que considerara válida, porque a su parecer, el que le haya “quitado” al amor de su vida era algo imperdonable, y poco le importaba lo que le pasara.
Cuando llegó a su casa simplemente se fue a  dormir, había sido un muy pesado día, y aunque quisiera no podía  evitar pensar en lo que le habría ocurrido  a Daiki, por lo poco que vió lo estaban golpeando salvajemente, de seguro y no asistiría a clases por unas cuantas semanas, eso le hizo sonreír, su odio por el menor empañaba su benevolencia.


A pesar de haberse acostado tan temprano despertó muy tarde, definitivamente no llegaba a tiempo para el primer módulo y no lo dejarían entrar al aula así que esperaría por el cambio de profesores, por ello decidió tomar el camino largo, total, no tenía prisa. Pasaba por el gran  parque, lleno de árboles y muy extenso, más parecía un bosque;  entonces  decidió entretenerse un rato y... hacer un poco de ejercicio mañanero tal vez?
Se sentó en una de las bancas  que se encontraban rodeando todo el lugar estirando las piernas, luego se recostó sobre esta, dejó la mochila a un lado y fijó su vista en el cielo. La mañana estaba preciosa, temperatura cálida, viento fresco, se preguntó si debería aprovecharla de otra forma más productiva, de pronto escuchó sollozos cerca suyo, se levantó rápidamente y fue en busca de aquella persona, en el fondo era una persona muy noble, pero por su tonta ilusión de enamoramiento había echo cosas que jamás pensó, tal como abandonar al menor el día anterior sin brindarle la más mínima ayuda posible. Nuevamente se colaba en sus pensamientos, era inevitable, por más odio que le tuviese no dejaba de reprocharse mentalmente por haber obrado mal, ese no era él, no se reconocía, pero todo lo malo que ahora albergaba se lo atribuía al menor. Prefería eso para no admitir que se estaba volviendo mala persona.
Se fue adentrando más y más cuando vio a alguien al pie de un gran árbol, abrazando sus rodillas y llorando ahora de manera descontrolada, esa escena le partió el alma. Se acercó lentamente y con suavidad tocó su hombro. Aquel chico al sentir el contacto levantó asustado el rostro.
No podía ser, tenía que ser él?  Se fastidio consigo mismo por haberle tenido pena pero, al ver mejor la expresión del castaño no  pudo sentir sino ternura, una ternura infinita apoderándose de él, tenía el rostro muy maltratado, su pómulo izquierdo estaba morado y su labio partido  bajó un segundo la mirada y vio como sus brazos también estaban cubiertos por hematomas, y sus manos apretando fuertemente sus anteojos, no quería ni imaginar como estaría el resto de su cuerpo, pero lo que más le llamó la atención fueron… sus ojos.
Unos orbes hermosos siempre ocultos bajo ese par de lentes horribles y exageradamente grandes. Pero ahora que podía apreciarlos de esa manera podía jurar que tenía los ojos más bellos que había visto en toda su vida, y al estar acuosos por el llanto lo hacían verse muy indefenso, tanto, que Inoo no pudo contenerse de abrazarlo. El menor al sentir su calidez lo abrazó de vuelta y permanecieron así unos cuantos minutos más. Cuando  Arioka dejó de llorar el mayor se separó lentamente y lo ayudó a reincorporarse, lo tomó de la mano y no dijeron ni una palabra hasta que salieron del parque.

- ¿por dónde está tu casa?- preguntó Kei.

- unas cinco calles más abajo en esta misma avenida- le contestó.

- esta bien, te dejaré con tus padres, se sorprenderán por verte así, si es que no lo hicieron ya-

- vivo con mi tía  y  mi prima, pero ellas salieron de viaje-

- entonces ¿estarás solo? ¿en tu estado? Y además ¿qué estabas pensando en ir así a la escuela? ¿eres tonto?-

- esta bien, podré cuidarme solo y no quería quedarme sin hacer nada- el mayor ya no dijo nada, aparentemente Daiki era alguien testarudo, mira que salir de casa en semejante estado, eso era demasiado.



Kei agradeció que estuvieran cerca, el más bajito apenas si podía caminar y al parecer esto le era muy doloroso. Al ver el gran esfuerzo que hacía por avanzar  se maldijo todo  lo que pudo y más, cómo fue capaz de dejar que lo lastimaran tan gravemente?, su estúpida actitud infantil había provocado que sufriera, se sentía como el peor de los miserables por ello.
Al llegar al edificio del menor tuvo que sujetarlo de la cintura y hacer que se apoyara en su cuerpo para poder subir las escaleras al tercer piso, ya que el ascensor estaba fuera de funcionamiento, tanta mala suerte podía tener Daiki?!
Al entrar a su casa lo primero que hizo fue recostarlo en el sofá con mucho cuidado, se sentó  a su lado y mantuvo el silencio. Estaba algo nervioso, que debería hacer a continuación, podría dejarlo asi como estaba? realmente podría hacerlo? No se sentía bien ni siquiera  el pensarlo, no se creía capaz de hacerlo, le haría compañía entonces?

-gracias- eso lo sacó  de sus meditaciones.

-umh?-
- por haberme  ayudado, gracias-

Y  no pudo sino sentirse como basura, si lo hubiese “ayudado” no se encontraría en aquel estado.

- no digas eso, por favor no lo digas- dijo con arrepentimiento.

- pero es la verdad Inoo-san usted me a-

- no lo hice! Si te hubiese ayudado en verdad no estaría tan golpeado…- dijo muy dolido- ayer… ayer yo vi cómo esos chicos te acorralaban y empezaban a golpearte, lo vi, LOVI! Y NO HICE NADA!- gritó desesperado por la culpa- si tan solo no te hubiese tenido celos nada de esto habría pasado- le dijo lentamente, mirándole a la cara por primera vez.

- usted tenía celos de mí?- preguntó incrédulo ante tal confesión- por que?-

- es que… - desvió la mirada- a mi… a mi  me gusta Saya-chan- le dijo con culpa.

- …. Y?- el menor no entendía a dónde quería llegar con eso.

- que... bueno, como--como es tu novia, me sentía muy celoso de ti como todos los demás- confesó.

- eh? era por eso? Yo pensé que me odiaban por ser un nerd- dijo con adorable confusión que hizo sonreír al mayor, y al verlo así le devolvió la sonrisa; Kei por otro lado dejó de hacerlo, cómo una persona podía llegar a ser tan bella? la sonrisa de Daiki era digna de admiración, incluso con  aquellas marcas ensombreciéndole un poco el rostro, aún así su sonrisa no dejaba de ser hermosa ante sus ojos.

- lamento haberme dejado llevar por los celos- dijo Kei.

- esta bien, al menos me estas ayudando ahora y eso cuenta, aunque tengo que decirle algo Inoo-san,  Saya no es mi novia, es mi prima- eso lo dejó pasmado, su prima? SU PRIMA?!
Y ahora si que se sintió como el mas grande de los idiotas. Había sentido unos celos estúpidos y  había dejado sufrir al menor unos ataques horribles por una tonta confusión.
Ya ni siquiera podía mirarle a la cara.

- qué pasa Inoo-san?-

-  es que… no puedo creer que sintiera celos de ustedes dos juntos cuando son primos! Soy un imbécil-

- no diga eso Inoo-san, además creo que nunca hemos dicho que estamos emparentados, por eso se creó tanta confusión, no se eche la culpa si?- le dijo con una tierna sonrisa que dejó embobado al mayor. Ese rostro angelical lo hechizó, más aún su alma tan pura, se preguntaba como nunca antes se atrevió a hablarle? Segundos, sólo esos bastaban  para darse cuenta de que tipo de persona era en realidad Arioka Daiki.
Se perdió unos momentos más en su sonrisa, embelesado por la misma. Salió de su trance cuando vio que el menor hacía el intento de pararse, sus piernas flaquearon y casi se estampa de cara contra el suelo; pero al percibir el peligro, lo tomó de la cintura y lo apegó a su cuerpo, dejándolo encima suyo y a si mismo recostado en el sofá. El menor estaba muy sorprendido, se había llevado un buen susto, gracias al mayor no se había echo más daño, levantó su rostro y le dedicó una sonrisa.

-gracias In- no pudo decir más, Kei lo había besado.

No pudo contenerse, el descubrir  lo tierno que era, ver esa sonrisa encantadora  tan de cerca, lo llevaron a besarlo impulsivamente, y aunque temió por unos instantes la reacción del menor, no se arrepentía, sus labios eran suaves, perfectos, tanto que tuvo la necesidad de mover los suyos para apreciarlos mejor.
Al sentir tal acción por parte de Kei, intentó corresponderle, aunque no era nada diestro en estos temas, la dulzura con la que lo estaba besando lo empujaba  a ello, le gustaba, le gustaba mucho sentirlo así.
Era una escena perfecta, el ritmo acompasado de los besos, sus lenguas inquietas que no pudieron evitar saborearse mutuamente, sus tiernas caricias por encima de la ropa, era… mágico, asi lo sentían.
Kei se estaba dejando llevar como nunca, ni siquiera se le cruzaba por la cabeza que era un chico, le gustaba, esa persona le gustaba mucho y esa manera tan exquisita de corresponderle, lo envolvió rápidamente. Fue el mayor quien dió el siguiente paso e introdujo su mano debajo de la camisa del otro, su piel era tan suave, se sentía demasiado bien tocarlo y al parecer le gustaba que lo hiciera, pues emitió un leve jadeo al sentir el contacto de su mano recorrerle el pecho.


Encantado con ese celestial sonido siguió  con sus impulsos y dejó  sus labios para saborear su cuello, pero no se detuvo ahí, le abrió la camisa y se posicionó mejor para que su rostro quede a  la altura de sus pezones, cuando lo consiguió no reparó en   delinearlos con su lengua, provocando más jadeos por parte del menor.
 El castaño estaba en las nubes, primero los deliciosos besos, luego las suaves caricias y ahora las expertas succiones a esa área tan sensitiva... se retorcía de tanto placer.

- ahh Inno-san - el  escucharse a si mismo le sorprendió, qué estaba haciendo exactamente? se separó rápido del mayor  y terminó en el suelo por el brusco movimiento. Kei por su parte se encontraba confundido, se lo estaban pasando muy bien, eso era más que claro, no debió haberse separado así. Se reincorporó un poco para ver al menor sentado en el suelo con la cabeza gacha.

-Arioka- lo llamó. El castaño levantó la vista y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no saltarle encima, se veía tan adorable con las mejillas coloradas, la respiración agitada y sus ojitos que reflejaban angustia, era todo ternura.

- no pongas esa cara, no estábamos haciendo nada malo-

-pero... a usted le gusta mi prima-

-corrección,  me gustaba, pero ya no, ahora me vuelve loco alguien más- le dedicó una sonrisa que le hizo bajar la mirada apenado.

- pero usted no me conoce, yo no-

-shhh- se arrodilló frente a él- eres demasiado transparente... Daiki-

Al menor le brillaron los ojos al escucharlo llamarle por el nombre, Kei lo tomó de la barbilla y volvió a darle un tierno pero corto beso.


-no tengas miedo, tú confía en mi si? Me remediré por todo lo malo que te he hecho - le dijo cariñosamente.

- está bien Inoo-san, ya lo hizo-  dijo sonrojado.


Durante las dos semanas siguientes Kei se la pasaba  en casa de Daiki,  no quería dejarlo solo por ningún motivo, y a pesar de que su tía y prima volvieron después de unos 4 días y se sorprendieron muchísimo de verlo en tal estado, tanto, que hasta insistieron en llevarlo al hospital para asegurarse de que no tuviese nada grave; quiso seguir visitándolo, no sólo  para hacerle compañía, sino también  para cuidar del menor él mismo, sentía que cada minuto que pasaba a su lado era lo mejor que le pudiese haber acontecido en su vida, se sentía tan pleno junto a él, pasándole las tareas, jugando, charlando, y claro, besándose también, nunca se cansaba de probar esos dulces labios, eran todo un manjar...

A la tercera semana recién el castaño tuvo el permiso del médico para volver a clases, le hacía mucha ilusión pues, aunque disfrutara de las tardes que pasaba con el mayor, las mañanas se le hacían tediosas e interminables estando encerrado volviéndose casi loco, estaba muy ansioso de poder al fin salir de casa. Aunque... tenía un poco de miedo, Kei se había portado de lo mejor con él pero, y si en la escuela era diferente? que tal si volvía a ser el mismo de antes? molestándolo y haciéndole tropezar cada que podía? No quería eso, deseaba que siguiera como hasta ahora, cuidándolo, mimándolo, siempre tan amable y cariñoso, así quería que fuese.
Se sentía mal por dudar de Inoo así, después de que este le prometió que nunca más lo haría sufrir ni lo incomodaría pero, no podía evitarse el estar dubitativo, se caracterizaba más que nada por su comportamiento tímido e inseguro, que podía hacer? además, aún no tenía claro exactamente  qué tipo de relación mantenían, amigos no podía ser, no después de todo lo que habían hecho, pero… tampoco le había pedido ser su novio...
"Novio" esa palabra resonaba en su cabeza todo el tiempo, tenía la pequeña ilusión de que le pidiera ser su novio, se estaba ilusionando con la idea y no quería que su pequeña burbuja de esperanza se le rompiera. sonreía como tonto cada que pensaba en ello, pero Kei  nunca se lo había pedido de manera oficial, y claro, podía ser que el término en si sonara lago fuera de lugar entre dos chicos, además, él ya sabía desde hacía mucho tiempo cuales eran sus preferencias sexuales, en cambio Inoo era diferente, al mayor le había gustado su prima hasta hace muy poco, hasta podría ser que estuviese confundido y no sintiera nada por él  más que un simple cariño y  amor hacia Saya. Cualquiera fuese el caso le aterraba la idea de perderlo, ya se había acostumbrado a pasar tiempo juntos, a confiar en él, depender de su persona inclusive.

Llegó a la escuela pensando en todas estas cosas que no pudo percatarse a tiempo de que ciertos tipos, los mismos de la vez pasada, lo tenían en la mira, sin darle tiempo a emprender la huída, aunque nunca fue de esos cobardes que se esconden, es más, siempre se mantuvo firme y si no respondía a las agresiones era porque creía que no merecía la pena malgastar sus energías en algo así.
De nueva cuenta fue llevado al patio trasero, ya imaginaba para que, consideraba una tremenda molestia tener que soportar eso otra vez.
Y es que Saya les había reclamado el hecho de haberlo golpeado e hizo público su parentesco con Daiki, les había dicho barbaridades y media y ahora esa bola de tarados lo culpaba por estar en tan malos términos con la chica.
Estaban esperando a que el menor apareciese para cobrarle por aquello, Saya no quería ni verlos, y los insultaba cada que podía, quería mucho a su primo, era un hermano mayor para ella por eso le afectó tanto lo que le hicieron y no reparó en agredirlos verbal y físicamente.

-estuviste de boca floja con Saya-chan no?- le acusó uno.

- eh? pero si no dije nada.-

- no quieras hacerte el tonto-

- pero no lo -

Un golpe de lleno en su estómago lo hizo callar. El impacto fue tal que lo hizo caer al piso del dolor.
Sus gafas se le cayeron y uno de ellos aprovechó para pisarlas y destruirlas mientras todos reían. 
Otro lo tomó del cuello de la camisa con la intención de golpearlo en la cara pero se detuvo. Al igual que Inoo quedó cautivado con el hermoso aspecto de Daiki. Y  cómo culparlos? ese pequeño y delicado rostro no era sino la perfección misma, se quedó como tonto mirándolo hasta que uno de sus "secuaces" lo apuró.

- que tanto esperas?-

-uh?-

- pero qué demonios te pasa? piensas darle de besos o qué? quítate!-

Lo hizo  a un lado y tomó su lugar, con furia le dio un golpe al menor, tirándolo nuevamente y haciendo que tocara el área lastimada con su mano izquierda.  El pobre Arioka no hizo mas que agachar la cabeza y derramar lágrimas, cuanto más tendría que soportar cosas como esa, odiaba las discusiones y mucho mas las peleas pero ya estaba llegando a su límite, desde el comienzo del año tuvo que soportar el acoso, amaba la  escuela como nada, le encantaba, pero desde que se transfirió  no hizo mas que sufrir por los constantes maltratos.
 

 

No estaba muy convencido de que le hubieran dado el alta al menor, en su opinión el castaño tenía que seguir siendo cuidado y en reposo, bajo SU cuidado claro, quería seguir mimándolo lo más posible, aunque… aún podría hacerlo.
Una sonrisa boba se  posó en sus labios al pensar en ello, pero esta se le fue de inmediato al ver tanta conmoción en la entrada de la institución, tuvo un mal presentimiento. Corrió lo más rápido que pudo hacía donde había escuchado, ocurrían los hechos, augurando lo peor para Daiki, ¿tanta mala suerte podía tener?! ¿Tuvo que salir tan temprano sin esperar a que llegue por él? Tuvo que ir solo por que su prima tenía un examen médico antes?  ¿Tenían que estar en un colegio donde los profesores eran una manga de inútiles con los cuales no se podía contar en absoluto? ¡Que tormento!
Le iba a dar el regaño de su vida al menor por ser tan cabeza hueca y ser un despistado de lo peor.
Su ira se hizo palpable al momento de ver a SU Daiki con rastros de sangre en el rostro, siendo sujetado por dos tipos, otro que estaba delante suyo gritándole de cosas y muchos otros alrededor.


Se acercó a ellos como alma que lleva el demonio y empujó al que Arioka tenía en su delante con mucha fuerza, liberó al menor de los otros dos y tomó el pequeño cuerpo del menor entre sus brazos, antes de que este se desvaneciera por lo débil que se encontraba.
- ¿qué te pasa Inoo? ¿Por qué lo ayudas? Tu eres quién más lo odia!- ante aquello el menor abrió desmesurado sus ojos, le había dolido.
- no... al menos ya no, no quiero que lo molesten más-
- pero él-
- ¡ÉL ES MÍO!  Aquel que se atreva a molestarlo se las verá conmigo!- sentenció firme y acto seguido le plantó un beso al menor dejando sorprendidos a todos.    
                                                    
Llevó a  Daiki a la enfermería, esperó paciente a que la enfermera terminara de curarlo, escuchando las quejas del castaño cada que le limpiaban alguna herida y  se ofreció a llevarlo de vuelta a su casa, era obvio que tendría que tomarse unos días de reposo.
Como la primera vez, Inoo ayudaba a Daiki a caminar tomándolo de la cintura, iban por el pasillo del tercer piso a paso lento, después de ir a buscar su cosas al salón de clases. Arioka estaba que se moría de  los nervios, en verdad Kei dijo aquello? Lo hacía sentirse muy feliz, había dicho delante de todos que era suyo, no cabía tanta dicha en su cuerpo, aunque… no lo llamó su pareja propiamente, y por más que estuviese que explotaba de felicidad por lo que hizo por él, quiso preguntarle algo de todos modos.
- Inoo-san… emmm yo me preguntaba a qué… bueno, a qué se refería cuando dijo que era suyo?- más colorado no podía estar al decir eso.
-creo que fue bastante obvio, me gustas- detuvieron el paso- quiero que seas sólo para mi-
-eso quiere decir que…-
-deseo que seas mi seas mi novio- a Daiki le brillaron los ojos. Se le estaba confesando verdad? Eso era algo oficial cierto? Las dudas que tuvo alguna vez se disiparon con esa oración, esa tan significativa oración que  lo era todo.
Kei por su lado no pudo resistir las ganas de besarlo, su  carita de sorpresa y felicidad era algo tan bello  que no podía, ni quería, contenerse de sentirlo cerca.  Lo  apresó contra la pared y tomó sus labios en un candente beso, tan profundo y dulce a la  vez. Sus lenguas masajeándose con lentitud, sus salivas entremezclándose, tan deliciosas.  Su temperatura corporal comenzó a subir,  de pronto los besos ya no les eran suficientes, necesitaban más, sus hormonas pedía por ello. Sin dudarlo ni un momento, el mayor tomó su mano  y juntos se adentraron al salón que tenían más cerca, uno de ciencias que estaba fuera de uso.                                                               
El lugar, a pesar de estar en inutilidad, se encontraba muy bien aseado, pero claro, ellos ni siquiera se percataron de su pulcritud, estaban más concentrados en obedecer a sus instintos que en cualquier otra cosa.
 Lentamente el pelinegro comenzó a desvestir a Daiki, a cada porción de piel descubierta la llenaba de caricias, robándole suspiros al menor,  a cada marca que encontraba en esa blanca y tersa piel no hacía sino besarla con suma adoración, como queriendo curar aquel cuerpo lleno de heridas con sus labios. Lo desnudo por completo y su admiración fue evidente, ese pequeño cuerpo tan bien formado era mucho más hermoso de lo que había imaginado. Sí, ya lo había hecho, aunque no esperaba que fuese tan pronto, había fantaseado con aquel momento incontables veces, llevándolo a masturbarse sin control gimiendo el nombre de Daiki; pero eso no era un sueño, lo tenía delante suyo en cuerpo y alma, a punto de disfrutar en carne propia todas aquellas fantasías con las cuales se vanaglorio en su soledad.  
Sin más espera, comenzó a pasar sus manos a lo largo del cuerpo del menor, deteniéndose considerablemente en el área de los pezones y nalgas, dando placenteros masajes en aquellas superficies particularmente deliciosas. El menor soltaba jadeos incesantes, ser acariciado de esa manera por Kei se sentía realmente bien,  no esperaba que sensaciones como esas fueran posibles de lograr en el organismo humano.                                                                                                            Poa De a poco fue bajando hasta su entrepierna, tomó su virilidad con delicadeza y recorrió con besos la longitud del mismo. El castaño suspiro ante tal acción, los labios del mayor eran suaves, carnosos, incrementaban su placer. Sin previo aviso, se introdujo el miembro en su boca, logrando que las piernas de Arioka fallaran y terminarse arrodillado en el suelo, para el pelinegro era un poco incómoda la nueva postura, asi que optó por recostar el cuerpo del menor en el piso por completo y proseguir con su tarea, degustando exquisitamente su pene.
El acalorado ambiente, era más de lo que el pobre Inoo podía soportar, la laboriosa tarea de darle placer oral al menor le había subido mucho la temperatura, su cuerpo estaba sudoroso y es que el sólo escuchar los embriagantes gemidos de su acompañante lo ponían al límite, uno que ya había sobrepasado. La urgencia de tomarlo se apoderó de él y de un momento a otro se retiró de su entrepierna y pasó a desvestirse con premura. Agarró las piernas blancas del menor y elevó su parte baja, acercándola a su miembro, que ya estaba más que duro. Se introdujo muy suavemente, sintiendo la estrechez incomparable del castaño, era algo fenomenal, sus paredes se resistían a abrirse y dificultaban un poco el proceso, pero el aprisionamiento que encerró a su miembro lo llevaron a la gloria, soltando un  escandaloso gemido.
-ahhh~!!!- gritó  al sentir como la entrada de Arioka  entrada se comprimía más y más.
-Ke~Keei!!-soltó el menor al sentir un  dolor lacerante.
- est—estás bien? Si quieres… paramos- le dijo dulcemente mientras acercaba su  rostro al del otro y acariciaba su nariz con la propia.
- no, sigue por favor- imploró el menor.
Inoo lo besó tiernamente, tratando de distraerlo un poco de aquel dolor punzante. Empezó de nueva cuenta con las embestidas, teniendo extremo cuidado de hacerlo lento para no lastimar a su pareja, pero no dejó de besar sus labios en ningún momento. Sus movimientos de caderas iban al compás de sus besos, sin prisas, Kei lo embestía  pausadamente, abriéndose paso en su interior, llegando cada vez más profundo. Continuaron con aquel delicioso ritmo, incrementando su goce, llegando juntos al tan ansiado orgasmo.
- eso fue…totalmente… increíble-  dijo entrecortadamente Inoo con una sonrisa.
-no se arrepentirá?-
- arrepentirme de qué?-
- de lo que dijo antes, delante de todos-
- nunca, ahora eres mío, que lo sepan todos, así es mejor-
- está seguro?-
 -claro que sí, lo dudas acaso?-
- n—no  claro que no, nunca más- sonrió.
- asi está mejor, nos vamos?-
- hai-
Ambos se cambiaron con total  tranquilidad y salieron del lugar, debían de dirigirse  a casa del menor, los golpes anteriores y el ejercicio extra que acaba de realizar lo tenían exhausto,  y con los obvios nuevos cuidados de Inoo de seguro que tardaría aún más en recuperarse por completo, pero bien valía la pena.
Al salir de la escuela notaron como todos se les quedaban mirando.  Iban tomados de la mano, y con las declaraciones anteriores de Kei, era innegable el tipo de relación que mantenían. Pero al mayor no le importaba, había descubierto un maravilloso ser de nombre Arioka Daiki y no permitiría que este se le fuese arrebatado de su lado nunca, lo protegería y amaría, por que era suyo, aquel enemigo que en un día… se convirtió en el amor de su vida.

jueves, 9 de agosto de 2012

Tell me... why?- Capítulo 10


No puedo creerlo!!
nunca había actualizado tan rápido! estoy que no me lo creo *-*
bueno ya, dejemos eso a un lado...
espero que les guste este capítulo ^^




Las primeras semanas fueron las mejores, nos veíamos muy seguido y pasábamos horas juntos, y yo claro, maravillado con estos hechos.
Ese niño me transmitía una paz increíble, era como si al estar a su lado todo lo malo se desvaneciera de mi memoria, como si todo simplemente dejara de existir, no podía concentrarme en nada más que en su persona, siempre tan lindo conmigo, siempre haciéndome sonrojar, aunque él no lo notara.
De a poco iba dejando los malos hábitos que tenía, todo por él, por hacerme querer ser diferente, mejor. Pero lo bueno nunca dura lo suficiente, porque cuando crees que si; siempre tiene que ocurrir una maldita desgracia que acaba con todo.
La mía ya era cantada, tenía nombre y era el peor error que la naturaleza había cometido, Hanna.
Por sus incesantes acosos me vi obligado a separarme de él, nos manteníamos en contacto si, pero me faltaba ver esa hermosa sonrisa a  la que ya me tenía tan acostumbrado.


"pero no, ese día cometería un grave error, uno que lamentaría por siempre" 



-vamos Kei , me dieron ganas de hacerlo-llegó a mi casa pasada la tarde cayéndose de borracha  y tan insoportable como siempre.

-por favor Hanna, estoy cansado, tuve un día muy pesado- no me apetecía en absoluto tener relaciones con esa mujer, ya me causaba mucha más repulsión que antes.

-he dicho que quiero hacerlo y lo haremos- odiaba ser su maldita marioneta, siempre haciendo lo que se le daba la gana conmigo, y  yo como un pobre imbécil sin carácter dejándome pisotear de esa manera.

-es que no entiendes, estoy casi muerto, no tengo ganas de nada y dudo que él si- dije señalando mi parte baja.

-yo haré que le entren ganas, ya verás- era demasiado insistente y… golosa.



Se arrodilló  y rápidamente me abrió la cremallera, bajo mi pantalón junto con mis boxers y tomó mi miembro entre su mano derecha sin cuidado alguno, su mirada la tenía puesta en mi. Repartió besos por mis piernas mientras que  estrujaba mi pene con mucha fuerza, lamió toda la extensión de mi miembro, chupó la punta, masajeó constantemente la base del mismo, repitiendo una y otra vez  el hecho, pero yo nada, no me inspiraba absolutamente nada, sus caricias  no lograban encenderme y se notaba que eso la estaba exasperando, ahora me miraba con odio . Se metió por completo mi  falo en su boca y me mordió, un profundo grito de dolor salió de mi, causando que eela sonriera, era una maldita.
Es que acaso viviría siempre así? de esta manera tan miserable? no quería, no podía haber algo bueno en mi vida que al menos valiera la pena todo esto? las drogas ya ni las tocaba, esas semanas en que me distancié de Daiki fueron horribles pero, me sirvieron para desintoxicarme, la necesidad estaba pero no era tan grande como antes, ahora la podía controlar. Todo gracias a él, no deseaba que me viera en ese estado, no entendía pero  siempre quise estar lo más lucido posible mientras estaba a su  lado.
Esos bellos ojos, inocentes y brillantes no podían contemplar bajo ningún punto de vista mi verdadero yo, simplemente no podían., me angustiaba de tan solo pensar que pudiese hacerlo, lo quería a mi lado sonriente y feliz, tierno y dulce, todo él, con ese hermoso rostro de porcelana, ese cuerpo esbelto,  todo para mi, solo para mi, no quería que me dejase.

-ahhhh~ -  no me di cuenta en que momento mi parte baja había comenzado a reaccionar, pero lo estaba disfrutando, sus ojos pícaros; una lamida a mi erección; su sonrisa lujuriosa; una succión a la punta de mi miembro; que delicioso se sentía, esa lengua maniobraba de una manera algo brusca pero me estaba volviendo loco, mantenía los ojos fuertemente cerrados a causa de la excitación, ya no podía más, sentía que en cualquier momento llegaría  al orgasmo,  a uno delicioso...

-daiki~!!!-  sentí mi miembro liberado de manera imprevista.

-¿¿qué dijiste?? ¡¡¿qué demonios dijiste?!!- me gritó a todo pulmón.

No  me di cuenta en que momento había empezado a visualizar en mi mente la imagen de Daiki haciéndome sexo oral, pero, lo sentí tan real, lo suficiente para hacer reaccionar a mi amigo y disfrutar de ello como nunca, aunque claro, ahora me tocaba el infierno por haber invocado el nombre de alguien más mientras ella me lo chupaba, de seguro que le había herido el orgullo y eso lo pagaría muy caro...


~  ~  ~  ~  ~  ~ ~   ~  


Pasaban de las 10 de la noche; seguía recostado en la cama, nuevamente le había cancelado a Dai-chan, sentía que arruinaría la noche con mis problemas, por más que me muriese por verlo; Hanna dejó una gran marca roja en mi rostro por una discusión que habíamos tenido en la mañana y no quería que él viera eso, empezaría con el interrogatorio y terminaría diciéndole la verdad, no deseaba eso por nada. Me aterrorizaba que supiera sobre mi problemático pasado y vergonzoso presente, eso no podía pasar…
Estaba a punto de dormirme cuando el timbre sonó, un poco molesto fui a abrir la puerta, mal hecho. Era Hanna y otra mujer, de unos veintitantos, se le notaba, traía un vestido de cóctel, muy provocativo. “De dónde la sacó?”
Entran como si nada y fueron directamente al dormitorio, no me quedó de otra que seguirlas y… bueno, para que hacerse tontos? Ya saben que pasó…
Al día siguiente me tocó llevarla en una cita, según la retorcida diabólica esa, debía actuar como su pareja, complacerla en todos los sentidos, en fin; nos fuimos a un parque, cosa que me extraño pero no le tomé tanta importancia, así lo quería me daba igual, solo esperaba que no se le diera por hacer algo en ese lugar, no con tantas personas alrededor, ni yo era tan descarado para ello.
Estuvimos paseando un rato,  dando vueltas por el lugar, ya me estaba cansando; “¿así son las citas?” me moría del aburrimiento, quería escapar e irme por ahí, tal vez ver a Daiki, ya me hacía falta…
De un momento a otro aquella mujer me tomo por la camisa y comenzó a besarme con fiereza, de nueva cuenta el asco que sentía por ello me daban ganas de empujarla lejos y largarme, pero no podía, justo como la noche anterior, pensaría en él y me dejaría llevar.



-kombawa Inoo- esa voz…

-Daiki!- grité de la sorpresa- que sorpresa verte-

- lo mismo digo Kei, ¿no me presentarás a tu cita?- me pareció que lo dijo entre dientes.

- ¡oh! Sí claro, ella es…- ya ni recuerdo que nombre le inventé a la tipa esa, aunque no me importa demasiado tampoco.


- un gusto, Daiki-kun, ¿cierto?- dijo la mujer.

-Arioka, mi nombre es Arioka Daiki- su forma de hablar se había vuelto muy fría.


- oh, Arioka-kun entonces- sonrió aquella mujer, parecía que con cada palabra suya Daiki se molestaba aún más.



- les presento a Hanna, mi novia- me quedé helado. Hasta ese momento no me había fijado en  quién lo acompañaba y no solo eso, estaban tomados de la mano.

¿Qué era lo que pretendía esa maldita mujer?

¿Su novia?

¿cómo se atrevía esa sucia y repugnante calamidad de ser humano a tocarlo

¿cómo osaba a tomarle de la mano?

¿SU NOVIA?

¿Eso no podía ser verdad,  de seguro y era un chiste, en qué mundo paralelo me encontraba?
Ellos dos juntos, tomados de la mano, aclamando ser novios, no podía ser algo posible en esta dimensión.
Me fui del lugar molesto, enfurecido, hecho una completa fiera. Lo entendí, pude darme cuenta de qué era lo que pretendía, ese era su plan, arrebatarme a Daiki… era su venganza.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Tell me... why?- Capítulo 9

 Al fin la conti n_n
 después de siglos ¬///¬




*Narra Inoo*



Sentimientos, desconocida palabra para mí, crecí en una familia que no lo era, madre prostituta, padre golpeador, ambos drogadictos, ausentes todo el día. Era de esperarse que yo siguiera sus pasos.
Había caído tan bajo que era incluso capaz de venderme por estupefacientes, hacer lo que sea con tal de tener ese maldito veneno corriendo por mis venas, contaminando  todo a su paso, convirtiéndome en un lisiado a la edad de 16 años.
No pretendo dar lástima ni mucho menos pero no la he tenido fácil, los traumas vividos en mi infancia influyeron drásticamente en mí, ignorando la moral, creciendo completa y absolutamente ajeno a ello, y es que no me importaba en lo más mínimo, no me importaba ser un gigoló  drogadicto, menos tener que robar, incluso, para “satisfacer” mis ansías, nunca me importó, así fue como me crié, viendo acciones de este tipo como algo normal, pero un niño uno muy estúpido que caería de la peor manera al  infierno mismo, pues en una de mis salidas, me topé con una casa bastante llamativa, se le notaba el poder de adquisición, y como  un imbécil fui directo a la boca del lobo, o mejor dicho, a las puertas del averno.
Así fue como conocí al peor de los seres humanos, una maldita mujer que me sometió a su antojo arrebatándome todo lo que en verdad deseaba, ilusiones, sueños, amor…

Fue esa mujer quien me lo arrebató, ella, quien descubriéndome en el acto me amenazó y doblego cuanto pudo.

Como siempre estábamos en su casa haciendo lo habitual, tener sexo sin control, la muy perra era masoquista, una bestia, sin importar que tan mal le tratara o con cuanta fuerza la penetrara, nunca era suficiente, podía torturarla y ella solo gemía por más, era insaciable; pero de lo que más disfrutaba era del sufrimiento ajeno, el mío principalmente. Desde que nos conocimos se encargó de hacerme la vida miserable, como si no lo fuera ya. Cada vez que intentaba salir del basurero en el que me encontraba, me arrojaba a este nuevamente destruyendo todo lo bueno que había logrado. Cuando decidí volver a la escuela se encargó de hacerme desear nunca regresar, por culpa suya me molestaban, pegaban, era víctima de constantes abusos e incluso, de tanto en tanto el director de la academia se aprovechaba de mí a sabiendas de lo que era, más cuando su “adorable  hijita” se encargó de que me aceptaran ahí, rogándole a papi, dueño del colegio, que lo hiciera; que eso lo beneficiaría a él también y cómo…
 Esos dos estaban enfermos, mantenían una relación incestuosa que daba asco, muchas veces llegaron a “compartirme” y por más repulsión que les tuviese no podía negarme, no cuando eran ellos los que pagaban y suministraban el mayor de mis placeres que ya estaba dejando de serlo…
Una noche como cualquier otra, había terminado de fornicar con la zorra de Hana y lo único que deseaba era regresar a casa, me había agotado completamente y no tenía ánimos de absolutamente nada, solo quería dormir, dormir y con suerte no despertar jamás. Era ya muy tarde y el frío se sentía horrible, las calles estaban completamente desiertas, como suelen estarlo a altas horas de la madrugada. Llegué hasta la parada del autobús para poder ir de una vez a casa, la casa que ella me había dado y por la cual pagaba un alto precio de alquiler. Antes de sentarme en la banca divise a un chico, parecía un niño, uno perdido he de decir. Me senté junto a él pero pareció ni darse cuenta, se veía pensativo, ajeno a todo… y muy lindo. No sé cómo ni por qué pero, me le quedé viendo todo el rato, se veía algo tomado, pero mantenía en sus mejillas un adorable rubor que le hacía verse demasiado tierno, hasta llegué a pensar que era una de esas chicas que les gusta travestirse, pero no, esa encantadora criatura era varón, uno demasiado femenino, pero hombre finalmente y no me podía creer que lo estuviese viendo de esa manera, si bien tuve relaciones homosexuales antes, éstas sólo me producían repulsión, pero me estaba resultando difícil no caer por una cosita tan hermosa como él siendo tan lindo.
Ya ni sabía que demonios estaba pensando, fijándome de esa manera en un hombre era ridículo, solo agradecía que este estuviera tan distraído y no se diera cuenta de que tanto lo observaba.


Un ruido extraño se escuchó cerca del lugar, volteé para ver que había sido cuando escuché un terrible grito a un metro mío. En verdad que era despistado, en ese momento fue que se dio cuenta de mi presencia y me miró asustado con los ojos muy abiertos.
No pude evitar reírme ante aquello, ese chico era tan gracioso.

-no es graciosos sabes…- lo dijo con las mejillas muy coloradas y haciendo un hermoso puchero que provocaba raptarlo.

-si lo es, fue muy divertido ver tu expresión justo ahora y tu grito no fue muy varonil que digamos ^^- traté de bromear.

-eh?? mi grito??- su rostro se llenó de confusión y ya sentía que le saltaría encima en cualquier momento.

-¿Qué pasa? ¿te molestó mi comentario? Lo lamento, fue solo una broma, Inoo Kei desu- dije ofreciéndole mi mano.

- Arioka Daiki- dijo correspondiendo mi saludo.


Charlamos por largo rato, horas en realidad, ya se vislumbraba el sol y sabía casi toda su vida, era muy hablador y jovial. Su sonrisa, sus sonrojos y ese brillo en su mirar me hicieron sentir pleno, no podía despegar mis ojos de él pero lo que más me inquietaba era que no quería.
De pronto ya no sentía más el cansancio y la fatiga, es más hasta me atrevería a decir que me encontraba renovado. Esa alegría suya, esa sonrisa tan hermosa y especial causaron en mí un cambio del que no me daría cuenta sino hasta después
Era la primera vez que experimentaba algo como eso, completamente nuevo, algo que me cambió, porque desde el primer momento que hablé con él supe que sería alguien muy importante para mí, lo supe, lo sentí,  y aún así no fui capaz de protegerlo…

sábado, 28 de julio de 2012

Tell me... why?- Capítulo 8

*Son tantos los recuerdos que tengo de ti Inoo, pero creo que el más precioso de todos es aquel en el que cumplimos dos años, justo después de terminar la secundaria, para celebrar, me regalaste el día más maravilloso de mi vida ¿como podías ser tan cambiante? Incluso te veías como un padre orgulloso de su hijo por haber sacado tantos diplomas, pero fue hermoso como trataste de que disfrutase al máximo  ese día; es la evocación perfecta que tengo de tu inexistente dulzura y amor…*


Me encontraba despidiéndome de mis amigos y algunos compañeros de clase, estuvimos juntos por tres largos años y ahora nos tocaba separarnos, trataba de mantener las lágrimas a raya pero sin lograrlo del todo, les había  cogido mucho cariño, fuimos un buen grupo, uno muy unido, y a pesar de que me separaba un poco de ellos siempre me ayudaron y apoyaron también, ni hablar de mis amigos cercanos, en especial Yuya, siempre lo consideré un hermano mayor para mí, aunque fuera tan baka e infantil, siempre estaba ahí tratando cuidarme y reclamándome que deje a Inoo de una vez por todas, pero yo; como siempre; hacía oídos sordos a  sus reclamos y cambiaba el tema rápidamente para cortarlo, terminaba por cansarse y parar, sin embargo lo volvía hacer al día siguiente; así era él.

Con un fuerte abrazo me despedía de mi gran amigo, que muy a mi pesar se iba del país, y aunque me invitó a ir con él, tuve que rechazarlo, no concebía la idea de alejarme de mi amado Kei, eso era algo intolerable, incluso de pensar.



Nos separamos con el llanto en nuestros rostros, después de todo no volvería a verlo en largo tiempo, y a decir verdad, me asustaba un poco alejarme del único amigo verdadero que había tenido en los últimos años, fue el quien me cuidó y me dió techo las reiteradas veces que huía de Inoo, ya que vivía con el, sin éxito claro está y que nunca dejaron de ser intentos vanos.

Me regresaba a casa, su casa, cuando un coche se aparcó a un costado de la calle y mi sorpresa fue más que evidente al ver salir de ahí a Kei en un hermoso convertible negro, le gustaba llamar la atención.

-vamos a dar una vuelta, yo invito- declaró con una sonrisa en su rostro.

No me esperaba que apareciera de nuevo por ahí, se suponía que se iría a la universidad ni bien acabara la ceremonia, pero no, se encontraba en ese lugar, esperando por mi ¿Por qué? ¿Por qué hacía eso?

- ¿no quieres venir conmigo acaso?-

-¿eh? Ah no... yo... digo si... Emmmm-balbucee confundido.

Se acercó a mi y entrelazó nuestras manos- vamos - me dijo y tiró de mi para entrar al auto.

Mantuvimos el silencio durante todo el trayecto, era raro e incómodo estar así con el, en casa apenas y lo veía, y cundo lo hacía era solo para tener sexo, mas allá de eso apenas e intercambiábamos palabras ya que el salía más temprano que yo y volvía muy noche, de madrugada casi; algunas veces para tener relaciones conmigo y otras para encerrarse en su habitación con una o más mujeres privándome del sueño por interminables horas en las que pensaba que posiblemente algunas de esas me lo quitaría y alejaría de mi lado, dejándome completamente solo.


Luego de tan agobiante silencio, se estacionó frente a un sitio bastante lujoso y me hizo bajar. Al entrar me di cuenta de que el lugar no era tan caro como pensaba por lo que había visto en su prominente fachada, no, ¡lo era mucho más!, como podía existir un lugar tan cautivante y lujoso como aquel. Jamás había escuchado hablar de el, tal sitio tendría que haber sido promocionado, pero, no recordaba haber escuchado mencionar nunca antes aquel restaurante, su vista por fuera era imponente, resaltaba entre toda la cuadra, pero sus interiores demostraba una perfecta combinación entre  delicadeza y elegancia, la exclusividad se denotaba en cada rincón, hermosos candelabros decoraban el techo, las paredes de un color crema y un tanto sombrío pero eso si, la distinción no se perdía, las mesas con un blanco deslumbrante y ni hablar del resto de la decoración.

-¿comeremos aquí?-

-si, ¿te gusta?- pregunto con una sonrisa.

-claro que si, es increíble pero, ¿estás seguro? Se ve que es demasiado caro- inquirí.

-nada vale tanto como tú-

Era por esto, era por estos pequeños gestos que no podía dejarle, por estos detalles tan lindos que tenía conmigo en ocasiones, siempre tan cruel y despiadado pero, en momentos inverosímiles como estos se portaba como el más correcto de los caballeros y me hacía sonrojar con sus muestras de afecto, un abrazo, un beso en la frente de buenas noches, un arroparme y quedarse a mi lado hasta que durmiera, secarme bien el pelo antes de ir a la cama para que no enfermara, cosas de ese tipo se manifestaban en sus acciones, eran mimos que me regalaba, muy de vez en cuando, sí; pero me hacían el ser más feliz de la tierra mientras duraban.
La persona que amas consintiéndote así, tan dulcemente, era muy bello, hasta llegaba a opacar los maltratos diarios a los que me sometía, todo recuerdo amargo se esfumaba en un abrir y cerrar de ojos cuando sentía la calidez de su alma...

Pasamos juntos una velada por demás encantadora, charlamos de muchas cosas, compartimos planes a futuro, bromeamos, hicimos lo que una pareja normal hace en una celebración, pero para mí, fue algo radicalmente distinto, tu gentileza y ternura fueron algo único, incluso me hiciste sentir que en verdad me amabas, casi podía admirarlo en tus ojos al verme, sentía cariño en estos, en tus palabras de felicitación y en tus suaves caricias, inclusive si todo era producto de mi imaginación no me importaba, no me importaba si con ello podía sentirme amado por ti, no si podía sentir que me correspondías, no si con ello era el ser más dichoso del mundo…

Al llegar a casa pensé que íbamos a concluir la noche con una perfecta muestra de placer carnal pero, al ver como te despedías de mí con un tierno beso en la frente y una dulce caricia en la mejilla la ilusión de ser poseído se desvaneció, enserio quería terminar la noche con broche de oro sintiéndonos y dándonos placer pero debía conformarme con todo lo que hiciste por mi durante el día, no podía presentar queja alguna, fue lo más excepcional que habías hecho, no podía ser tan codicioso.
Traté de convencerme a mi mismo una y otra vez mientras me dirigía a mi habitación, pero no lo conseguía del todo, estaba pidiendo demasiado, eso lo tenía claro, debí conformarme con su cariño, ese que necesitaba más que a nada, porque algo sí tenía muy claro, su amor… nunca sería mío…nunca…

Estaba recostado en la cama sonriendo como idiota al recordar lo vivido ese día, fue perfecto en verdad, algo completamente inexplicable pero muy bello, tan sumido me encontraba reviviendo todo lo sucedido que ni me percaté cuando Inoo entró a mi habitación, solo sentí su presencia cuando pude apreciar el calor que su cuerpo me brindaba.

-¿Inoo?, ¿qué haces?-

-lo siento, es que… me preguntaba si no te molestaría que duerma hoy contigo ¿puedo?-

-¿eh? claro, no m…me molesta – dijo muy confundido, no me sorprendía el hecho de que quisiera dormir en mi habitación pero, si el hecho de pedirme permiso, nunca antes hizo tal cosa, si quería un revolcón se metía, hacía lo que le apetecía conmigo y luego se iba sin siquiera decir adiós. Este Inoo me mareaba un poco, su forma tan dulce y gentil era anormal, tanta amabilidad de su parte comenzó a espantarme, y si disimulaba ser lindo conmigo solo para después hacerme una de las suyas y dejarme llorando como vil imbécil  como siempre lo hacía ¿qué? ¿cómo debía reaccionar ante aquello?

Al diablo con eso, lo disfrutaré mientras dure…

-Daiki, escúchame bien si?-

-claro Inoo ¿qué pasa?-

-te quiero…- se me heló el cuerpo.

-¿eh? qu..que dices?-

-te quiero Daiki, déjame demostrártelo-

Al momento tomó mi rostro con suavidad y me besó, fue tan inocente y dulce a la vez, besó mis labios, mis mejillas, mi frente, mi nariz, todo mi rostro, mientras que yo sólo sonreía por ello, lo sentía tan tierno, casi irreal, pero no era un sueño o una fantasía, él en verdad se portó así de cariñoso conmigo.
Se acomodó mejor encima de mí y  siguió devorando mis labios, solo atiné a rodearle el cuello con mis brazos y acercarlo aún más a mi cuerpo, jadeaba un poco de lo excitante que era, nuestras lenguas serpenteaban en la cavidad del otro, nos sacamos la ropa en menos de un minuto, la desesperación era innegable, aunque esta vez su manera de besarme transmitía nuevos sentimientos que no supe identificar muy bien, mi cuerpo pedía a gritos por que lo acaricie.
 Nuestras manos recorrían célebres cada centímetro de piel desnuda, nuestros cuerpos se rozaban placenteros y nuestros miembros se friccionaban sublimes el uno con el otro, era perfecto…





-Kei  ahhh… ahh..-

-Daaai  n…no… hagas e-eso!-

- pero te gusta o mmmmhh  no?-

-si ahh pero no  quiero que.. que te lastimes ahh!- solo le sonreí con lujuria

-córrete… Kei… quiero que te corras dentro mío yahh-

Me encontraba subiendo y bajando a toda prisa por su extensión, aprisionando su miembro al extremo cada que subía, no dejé que me dilatara porque no lo creí necesario y aunque no resultó como pensé me lo estaba disfrutando como nunca, el dolor sólo incrementaba mi deseo sádico de apretar con más fuerza, estaba en el cielo del inmenso placer en el que se sumía mi cuerpo, me sentía ascender al paraíso mismo, me ahogaba en el goce del sexo, aunque… tal vez y, solo talvez en ese instante no lo era, no era sexo, era… amor…


Me desperté al día siguiente, al notar que no estaba junto a mí me paralicé, esto no tenía buen presagio, tanta dulzura tanto amor ¿y ahora? Sabía, yo sabía que me iba a salir con una de las suyas, lo presentía, pero no pude haber estado más equivocado, ese día, me arrebataste la vida…


*Así fue Kei, aquel día desapareciste y me dejaste hecho una piltrafa, porque ¿qué soy si no eso? Un pobre intento de hombre  que se quita la vida evocando un amor pasado, sólo eso, patético.
Siento mis ojos cerrarse, ya no puedo abrirlos, me falta el aire, mis palpitaciones disminuyen, dejo de verte, acaso ¿acaso estoy muriendo? ¿es así? Que pena doy, que vergüenza doy, ni siquiera tuve el valor de afrontar la vida, una vida sin ti, pero, lo que más rabia me da es que me iré y no sabré, no sabre nunca…¿por qué?
¿por qué te empeñaste en lastimarme tanto? ¿por qué me odiaste tanto? ¿por qué me dejaste? Dime, Inoo,  dime… por qué?...*


Y en ese instante dejó de sentir el dolor que afligía a su alma,  el dolor que se convirtió en su tormento, el dolor de amar a quien no corresponde, el profundo y más misero sufrimiento de perder al ser amado que nunca te amo, ese dolor irremediable que se había encarnado dentro suyo, ese que no lo dejaba sonreír, ese dolor que lo agobiaba, su cruz, su tormento, por fin dejaba de sentirlo, por fin se aliviaba su alma de aquello que tanto daño le hizo, el dolor del rechazo, el dolor del abandono,  el dolor de… vivir…